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318 LA DIVINA PASTORA y EL BTO. DIEGO j. Í>E c. Fray Diego viene ahora a Sevilla, suspirado y deseado por toda la ciudad: por el arzobispo que, para aprovecharse mejor y admirar sus vir– tudes, le obliga a que se hospede en su palacio; por el clero secular y re– gular, que veían ya en él una reproducción exacta del apóstol Santiago pa– ra salvar la fe del imperio español; por las autoridades civiles y militares, por la aristocracia y el pueblo, que miraban al capuchino gaditano cual otro san Pablo, cuya misión era restablecer el reino de Dios y de su justi– cia, tirados a tierra por la impiedad del siglo. Al presentarse en el púlpito de la soberbia catedral hispalense, la ve– nerable figura de fray Diego no se achica ni se confunde con la inmensi– dad del templo ni con los millares de fieles que lo llenan, antes bien, se agranda y transfigura en un Cristo vivo, y desde que pronuncia el texto: Ecce tertio hoc venia ad vos, - esta es la vez tercera que misiono al pue– blo sevillano-, la muchedumbre queda absorta y subyugada al divino in– flujo de su palabra, que, como torrente de gracia cae sobre el contrito auditorio, resuel.to a su conversión y al mejoramiento de sus costumbres. El mismo fray Diego dióse cuenta de la asistencia divina en toda la misión y de los extraordinarios y saludables efectos que había producido, y así lo dice a su director: «La empecé el día 7, sin faltar la congoja interior y oscuridad; pero notando que en el hecho de predicar se llenaba mi interior de verdadera devoción, y que hablaba al alma con un modo y eficacia superior a toda la pasada predicación. Veía también al pueblo que oía con suma devoción y respeto, concurriendo eclesiásticos, religiosos, ·señores, gente escogida, con una suspensión que no podía ya dejar de notarla. Todo el espíritu y sustancia de ella fué proponer· el espíritu de la vida cristiana, según la doctrina del santo evangelio, y !'os ejemplos de nuestro Señor Jesucristo... <Después dispuso el señor arzobispo ocho días de ejercicios a los eclesiásticos, los que empecé el día 20 y voy continuando con visible asis- Cádíz, mandó el cabildo que el señor secretario trajera lo escrito para resolver sobre el sitio y púlpít~ donde de~ía hacerse, por el reparo que se puso de detenerse la posición del monu– mento, si se hacía en el trascoro,. L. c., f. 22. •Lunes 5 de marzo, cabildo extraordinario.. . Leidos los autos capitulares de la última mi– sión, hecha en el trascoro y l_a noticia del maestro de ceremonias; mandó el cabildo que el pa· dre fray Diego de Cádiz predicase en el púlpito ordinario de los coros y que sí S. E. venía con ·capa magna, el cabildo estuviese con el hábito coral del día; y si no, con manteos; a los seño– •res de fabrica, que mandaran poner los bancos en el coro de la .forma ordinaria, para lo& seño– res, la silla y escabelillos; y dentro del presbiterio, para los sacerdotes y personas de carácter, bancos, cuya· determinación se acordó que el señor deán la llevase a S. E. • Ib., f. 23. •Martes 6 de marzo, cabildo extraordinario... Empezó la Misión, pedida al cabildo por el excelentísimo señor don Alonso Marcos Llanes, el día siete de marzo de 1792, predicando en el púlpito a·costumbrado el padre fray Diego de Cádiz. Asistió S. E. con capa magna morada, entrando por la puerta dd sagrario y en el coro por la del trascoro, y el cabildo con el hábito coral del día, sentándose en los bancos, según práctica, y S. E. en la silla morada y los esca– belillos del mismo color. Los títulos los que tienen sillas, en ellas. Se quitó la crujía y se pu– sieron los bancos hasta las dos columnas; dejando su claustro para las mujeres, y para los hombres, los de afuera. Para sacerdotes y señores de graduación, la ,capilla mayor y también para colegiales y seises. Cuidaron de todos los señores mayordomos de fabrica y señor visita– dor del sagrario, y además nombró el cabildo por celador al señor prebendado don Angel Ma– ría de Guzmán •. Ib., f. 24.
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