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F'RAY DiEGÓ Y EL PADRE FELIPE DE ARDALES 369 Ecija, el padre Eusebio; con que ni el compañero que yo pensaba, ni el que lo era, puede serlo tuyo». Todos estos elog'ios <'n la pluma de dos san1os son los que más honran y enaltecen a la personalidad del padre Felipe. Recuérdese también aquella embt•i•.va carta ei1 fo :que con motivo de estar en– fermo su hermano, el canónig·o, decía: «Me tiene con sumo cuidado el padecer de nuestro favorecedor el señor . don Juan Salcedo ... En el próximo pasado escribí sobre esto a nuestro muy reverendo padre pro– vincial, y en éste lo hago a vuestra caridad, para que en mi nombre le haga una visita, cuando pueda , bien que me persuado faltará muy poco de su lado. A mi señora doña Antonia, la consolará vuestra caridad mucho, pues no dudo estará contristadísirna ... y a todos, como a nuestro padre (Felipe), dará mis encarecidas expresiones» ( 1). Todo comentario a estas cariñosísimas frases resultaría frío, porque ellas revelan por sí no sólo. el afecto y estima, sino que fray Diego fo r ma– ba parre de esta familia, como si fuese un hermano más o el padre de ella. Y esto se confirma en todo el episLlario del beato al padre Eusebio, don– de con frecuencia persistente, pero inusitada para los demás. le envía. aún desde las reg·iones más lejanas, como Gali~ia, un recuerdo, un saludo efusivo: en unas cartas al padre guardián, en otras al padre escri1or o cro – nista, y por último a nuestro padre, que siempre es el misnio padre Felipe, según los cargos que desempeñaba (2). Ni fué menor la confianza y la predilección que por él sentía siempre; a él acudía en sus apuros y le confiaba sus asuntos más secretos y delicados, como lo vimos con el pro– ceso de Zaragoza. Para comprobar hasta qué punto se habían identificado estos dos co– razones, querernos aducir un hecho, no reg'istrado por los biógrafos del beato, que pregona su humildad, sencillez y benevolencia: tal es el haber sido eleg·ido por un solo día g·uardián de nuestro convento de Sevilla. Pasaba el apóstol, en '1784, las pascuas de Navidad en el conven ro de Sevilla, entregado a la predicación; y corno a veces ocurre que los supe– riores, para esparcir el ánimo de sus religiosos, permiten que en la fiesta de los Inocentes se hagan elecciones para los cargos y oficios del día, con– descendió el padre Felipe que se verificasen aquel año, resultando fray Diego elegido g'Liar~ián de inocentes. Que aceptó la encomienda no hay dudi'l, porque fué celebrada con alborozos y convite extraordinario, · que debió presidir como se acostumbraba. Por esta época era ya el taumatur,. go popular y su figura apostólica la más eminente de España. y los reli– giosos no se hubieran atrevido a nombrarlo su guardián de Inocentes sin estar respaldados por el padre Felipe, ni éste sin contar con la anuencia , cuando menos tácita, de su favorecido, al que siempre le horrorizaron las prelacías; pero en esta ocasión acepta la parodia de su nombramiento pa,– ra regocijar a su.s hermanos y conformarse con la sentencia de Jesucristo: Si no os hiciereis niños, no entraréis en el reino de los cielos (3) . 1. Carta al padre Eusebio, 27 de julio de 1792. - 2. Como el cargo de escritor no se usa ahora, buscamos en el libro 2. 0 de Decretos de la provincia el caso, y en él f. 251, dice: •Nom– brándose escritor de provincia al R. P. fray Felipe M.ª de Ardales,. - 3. •'D. Francisco Ordó– ñez y Dársenas, vecino y del comercio de esta ciudad..., como el día 28 de diciembre de 1784, ·en que esta comunidad eligió al R. P. Fr. Diego de Cádiz por su guardián de inocentes, hizo el gasto del día con 1.118 rs. vn,. Fr. Angel, o. c., l. l.º, f. 44. _
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