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304 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. vincias de España, pero que los gastos serán algunos , así para lo preci – so de este expediente, corno para la impresión del oficio, que es sólo el de lecciones, oración y misa propia. Si vuestra caridad viere al señor Sal – cedo, nuestro favorecedor, le dará esta noticia y le preguntará si será bien hecho se presente al ilustrísimo cabildo un memorial , pidiendo una limosna para ayuda de estos gastos, los cuales ha tomado todos a su cargo nues– tro padre provincial (el que ignora esta agencia mía , y aun dudo si la ten – drá a bien), y con su respuesta me dirá vuestra caridad lo que h~ de hacer. Del empeño que se hizo al ilustrísimo padre confesor , para que· suplicase al rey recomendase a Roma este particular, no he tenido razón alguna y así lo juzgo malogrado, a no ser que se haya pedido algún informe a ese ilustrísimo cabildo. Dios disponga lo que sea más de su agrado ». Conviene hacer resaltar varios extremos de esta carta: primero la ili-· mitada confianza que le inspira el señor Salcedo, hasta recurrir a su me– diación para que obtenga del cabildo un óbolo para las expensas del ex– pediente e impresión del oficio de la Divina Pastora; segundo, que en la corle se dió la callada por respuesta a la instancia , que hizci,~obre este particular al confesor del rey; tercero, que la fiesta solicitada sería apro– bada sólo para los capuchinos españoles, sin extenderse a la ar·chidióce– sis sevillana, indicio de que no fué entonces pedida por su cabildo. El padre Eusebio , deseando tener más noticias sobre el pnticular, pregunta a fray Diego, si tiene algunas nuevas, y le responde: «Ocupado con mi viaje a ésta (Casares) y con mil asuntos no pe– queños, no he podido contestar a la de vuestra caridad de 7 del corriente, a la que, en el punto del oficio de nuestra Divina Pastora, ya le tenía es– crito lo que sabía, y le suplicaba lo noticiase a nuestro favorecedor, el se– ñor don Juan Salcedo , para que, si le parecía ocasión oportuna, coadyu– vase con su solicitud al ilustrísimo cabildo, la promoviese sin tardanza, y si no, se suspendiese para más adelante» (1). Y en otra del 28, le añade sobre la ayuda económica: «Me parece muy bien el dictámen de vuestra caridad que nada se pida al ilustrísimo cabil– do para los costos en Roma del oficio de la Divina Pastora; lo abrazo gus– tosísimo, y le doy las gracias de que así lo haya acordado, porqu.e, en la realidad, nos exponemos a la censura ». Con lo cual ambos, fray Diego y el padre Eusebio, querían decir que lo interesante era que el cabildo hi– ciese acto de presencia en Roma para inclinar la balanza de la aprobación ansiada y recabar para sí el timbre glorioso de la primacia en la fiesta de la Divina Pastora. Mas no se saben, a pesar de esa nueva instancia, las medidas que tomara el cabildo hispalense, porque los documentos cono– cidos silencian por completo este particular y en cambio, como pronto ve– remos , el de Florencia se llevará la palma. Cerremos este capitulo, recordando lc1 muerte del señor 3alcedo, que tal vez sólo se halle registrada en las crónicas de nuestro convento de Sevilla, corno algo propio de una persona que le pertenecía y a quien los capuchinos veneraban , como a un verdadero padre. El contagio del cólera de 1800 diezmaba la ciudad de .Sevilla, contan– do sus víctimas por miles. Causa espanto y escalofrío la reseña que hace l. Carta, 19 de octubre de 1789.

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