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lNTIMWAl> DE FI?AY DIEGO CON EL CANÓNIGO SALCEDO He aquí un documento donde brilla sin amba– ges la finura y prestancia del eminente canóni– go, su cariño y admiración por el apóstol y su de– voción y en tu– siasrno por ex– tender el culto de nuestra Madre la Divina Pastora. 3Ó3 Ya se ve cla– ramente que el señor arzobispo con su cabildo condiciona su ac– tuación a la del monarca y que sólo así escribi– ría al señor Aza– ra, embajador de España ante la Santa Sede. Ya se sabe quién era este pajarraco, que se burlaba de lo humano y · de lo divino y no tenía más freno que el temor de desagradar al CARTA AUTÓGRAFA DE DON JUAN SALCEDO CON LA DE DON FRANCISCO monarca, quepo- RIVERA, AMBAS DIRIGIDAS A FRAY DIEGO. día deponerlo . Por esto el prelado quiere contar con el apoyo del rey . ¿Qué hizo fray Diego ante la hipotética actitud del arzobispo? Puso manos a la obra, pero no creyendo oportuno escribir directamente_a Car– los IV, ni valerse de seglares, aunque los tenía muy valiosos en la corte, como el marqués de Valdecarsana-el que le regaló el estandarte y era en la actualidad sumiller del rey-optó por hacerlo al nuevo c;onfesor, según lo afirma en carta, 9 de octubre al padre Eusebio, a quien dice: «Nuestra solicitud en Roma sobre el oficio de la Divina Pastora para nosotros, me avisa el reverendísimo padre definidor general español que casi la tenemos· ya conseguida, no obstante de pedirse sólo para las pro- contener tres cartas: 1.ª, la del canónigo a fray Diego; 2.", al dorso, de fray Diego al set'íor Rivera; 3.", al margen de la de Salcedo, la de Rivera a fray Diego, quien le pedia se la devol– viese, tal vez por el asLJnto de la Pastora. Es por tales circunstancias un documento intere– santisirr:o,
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