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298 LA l>IVINA PASTO11A Y EL BTO. DIEGO J. DE C. para allá la recomendación del rey nuestro señor, haré un esfuerzo para procurarla, si no , la omitiré. Del reverendo padre Eufrasio ya escribí a vuestra caridad antes que enviase el oficio de la Divina Pastora ». fué, pues , el padre Eusebio quien recibió en Sevilla los papeles , y, fué el señor Salcedo, quien proporcionó el correo diplomático u otro medio de gran seguridad para que llegaran a Roma y los recibiera el padre provincial de Aridalucía, como se desprende de c;licha carta. La encomiástica alusión con que fray Diego trae a escena a dicho se– ñor, de tan escaso relieve en las biogTafías del beato, hurgó nuestra curio– sidad para inquirir quién era y qué podía significar. Nuestra sorpresa, cuando logramos esbozar su fig·ura, fué grande por todo lo que a conti – nuacíón se dírá. Don Juan de Salcedo nació en Ardales hacia el 1725, era hijo de don Andrés Salcedo y de doña Agueda Mayado, familia hé!cendada del puebl o . Hijos de estos también fueron dori Alonso , doña Antonia y doña francisca. Hermano de don Andrés era el canónigo de la catedral de Sevilla' don Afonso Salcedo , quien fundó una capellanía en su parroquia natal de Ar– dales para que su sobrino Juan siguiese la carrera eclesiástica, que cursó en el seminario. Ordenado sacerdote, obtuvo en concurso la parroqui a de su pueblo, que administró durante diez y siete años, ha sta que , como su tío, ganó una canongía en Sevilla. Su hermano Alonso ingresó en los capuchinos con el nombre de fray Felipe María de Ardales; y las herma – nas, Antonia y francisca, se vinieron con el canónigo a la capital andalu– za, casando la segunda con don Felipe Sargean, comerciante flamenco y vecino de Sevilla , que fueron padres del primer marqués de Monteflorido , don Felipe Sargean y Salcedo (1). El conocimiento de esta familia no está fuera de propósito , pues su intimidad con fray Diego y su devoción a él harán que se presten mutuos servicios , y entre otros , que después se di– rán , sirva de muestra el siguiente. Por el año de 1787 se edificaba en la parroquia de Ardales una magní– fica capilla para el Sagrario . Se la adornó con un bellísimo retablo churri– gueresco , derroche de talla, oro , policromía y vidrios estañados. Los mu– ros laterales se abrigaban con dos retablitos románicos muy costeados y de buen gusto. La imagen central era nuestra Señora de los Dolores, de tamaño natural, una verdadera joya , que mandó hacer en Sevilla y regaló a su parroquia don Juan Salcedo. Se atribuía a la gubia de los hermanos :Juan y Gabriel Astorga y así lo acusaban su modelado, carnación y belle– za (2). Pues bien, en un códice de dicha parroquia, del que hemos tomado parte de los datos anteriores , se halla también el siguiente: «La conclusión de esta bendita capilla fué en primero día del mes de julio del año pasado de 1788. Y el día catorce de agosto fué bendita la ex– presada capilla por e,I muy rever endo padre fray Diego de Cé'idiz, religioso capuchino, varón apostólico y verdadero hijo de san francisco por su hu– mildad , pobreza y demás virtudes que poseía en grado heroico. Se hizo procesión por la extensión de dicha capilla y por el interior con toda aque- l . Fr. Angel, o. c., l. l. º, f. 365. - 2. Los retablos fueron des trozados por los revolucio– narios el 1931; recompuestos después, fu eron quemados juntamente con la Dolorosa en los incendios marxistas del 1936. · ·

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