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296 LA IJIVINA PASTOl-lA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. ciertamente escribió-el beato-, porque- nueve meses después dice al padre Eusebio: «Del empeño que se hizo al ilustrísimo padre confesor para que recomendase a Roma este particular, no he tenido razón alguna y así lo juzgo nialogrado • (1). Y tan malogrado que recibió la callada por respues– ta, contra los felices augurios que se prometió de sus gestiones. Y es que con la muerte del señor Eletfl y la inmediata de Carlos 111, que tenían del apóstol un alto concepto y le profesaban devoción y .cariño, perdió fray Diego sus más fuertes columnas en la corte, mientras sus enemigos do– minaban a placer en las cancillerías y consejos del Estado. Ya lo está experimentando con el pleito de Zaragoza y muy pronto recogerá hieles -en la causa que sigue para engrandectr el culto de la Divina Pastora. 2. Carta, 9 de octubre de 1789.
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