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TRAMITACIÓN DEL OFICIO Y MISA DE LA; DIVINA PASTOIIA 295 ' se hubiese atrevido a estampar el nombrz del monarca. No se olvide que Carlos III era devotísimo de la Divina Pastora. Pero el beato preveíéi que esto sólo no era suficieníe para garan– tir su postulación y de aquí su ten– tativa e insistencia en solicitar del monarca su directo y real apoyo ante la Silla Apostólica para la eficaz resolución del memorial que pensaba enviar al Romano Pontí– fice . .Dos motivos le inducían a obrar así: la gran influencia del rey y orillar el difícil escollo de las regalías, muro puesto entre Roma y el imperio español, que sin el regium exsequatur, anulaba las concesiones pontificias en los do– minios de la monarquía. Para ase– gurar el golpe quiso valerse fray Di,ego del ascendiente que tenía sobr·e Carlos III el arzobispo de Tebas, quien, en el ínterin, pasó a mejor vida, con gran pena del Ilustrfsimd padre fray Joaquín Eleta, arzobispo de Tebas y confesor del rey. Fué gran devoto r. entusiasta .de fray Diego, a quien sirvió lea • mente en momentos c.ríticos de su vida y con · seguridad le hubiera s.ecundado en el asunto de la fiesta de la Divina Pastora. apóstol, como se deduce de una postdata en carta al padre Eusebio, donde le comunica: · <La muerte del ilustrísimo padre confesor, además de los muchos mo– tivos que hay para sentirlo, tiene para mí el habérseme frustrado el empe– ño que pensaba hacerle para que consiguiese del rey nuestro señor que recomendase a Roma la aprobación y permiso para el uso del oficio de la Divina Pastora. Con que si vuestra caridad no discurre algún arbitrio, es– tamos mal y se arriesga nuestra pretensión. Dios haga lo que sea de su mayor agrado, (1). Pocos días después dejaba de existir Carlos 111. A esta nueva adversi– dad en que llora el apóstol la pérdida de su entrañable amigo el señor Eleta y a la indicación que hace pidiendo.consejo para el rumbo que debía seguir, contestóle el padre Eusebio. que escribiera al nuevo confesor del rey, a lo que asiente fray Diego, según consta en la carta inmediata, donde le advierte: <Haré lo que vuestra caridad me dice de escribir al nuevo padre con– fesor, luego que sepa su nombre y se confirme la singular noticia de ha– berlo elegido para el propio ministerio nuestro nuevo monarca. He oído muy singulares cosas de este reverendo padre con el rey difunto en los pocos días u horas que le asistió, y si salen ciertas, sin duda parece que hemos mejorado. Dios nos favorezca con su gran misericordia» (2). El nuevo confesor del rey era el padre Luis de Consuegra, a quien 1. Carta, 12 de diciembre de 1788, - 2. Id., 26 de diciembre ·de 1788.
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