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288 LA DI VINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. Ahora bien , no es aventurado decir , ni mucho menos, que el aposto– lado de fray Diego, empezado y proseguido hasta su término bajo los aus– picios de la Divina Pa stora , ungido por su santidad y autorizado por la fa– ma de su taumaurgia, ejerció una gran influencia en los capuchinos espa– ñoles en orden al fomento de la devoción , encarnándola más en sus cora– zones y estimulándolos para establecer en sus iglesias, como prerrogativa de la Orden capuchina, el culto de la Divina Misionera. Y esto sucedía no sólo a su paso por los conventos de las diversas provincias, sino tam– bién a distancia, porque el aroma de sus virtudes corría por toda España y saturaba particu 'armen 1e los claustros capuchinos. La fi gura de fray Dieg·o no podía concebirse sino con el Crucifijo en la mano o con el estandarte de la Divina Pastora. Por esto se le llamaba el apóstol de Cristo y el apóstol de la Pastora Divina. Su personificación iconográfica más popular se representaba con el uno o con el otro, como puede comprobarse en el grabado, que encab~za esta segunda parte del libro. Todo capuchino tenía que sentirse honrado y orgulloso de ser her– mano de fray Diego, hermano de aquel a quien colmaba el mundo de ho– nores y distincion·es, y, por antonomasia, lo llamaba el nuevo sci,1 Pablo , el segundo Santiago , el mons truo de su siglo; y consecuente a todo ello de– sería imitarlo y aspiraría a seguir sus huellas; pero más , en aquellos particulares privativos de la Orden , cual era uno, muy principal , la pre– ciosa herencia del padre Isidoro, la devoción a la Divina Pastora. Si , pues , para entonces ya germinaba en el seno de las provincias la semilla de la devoción, el apostolado de fray Diego benefició el tempero y fué la pingüe lluvia que le prestó exuberancia y lozanía. No puede dudarse que el apóstol, durante su morada en gran número de los conventos capuchinos de España, entablaría conversaciones sobre su devoción predil ecta y lo mucho que ella importaba a toda la Orden su cultivo y fomento; pero, de manera especial, debió exponer a los superiores y padres ancianos su acariciado propósito de conseguir de la Santa Sede la fiesta litúrgica de la Divina Pastora. Así se lo aconsejaban las circuns– tancias para oír su_s pareceres y criterio y hasta para solicitar su adhesión y apoyo. Un hecho ampara y corrobora cuanto acabamos de decir: después de todas estas entrevistas, cuando fray Diego en Andalucía torna a su pro– yecto de solicitar la aprobación de la mentada fiesta, ya no lo hará en nom– bre sólo de los andaluces, como la vez primera, sino en nombre de todas las provincias capuchinas españolas, cual si fuese su representante y apo– derado. Todo es señal clara, inequívoca , de haber sido unánimente acep– tado por los superiores de aquellas su anhelado propósito, con cuyo po– deroso aval robustecido , quedaba virtualmente su tramitación en vías de feliz éxito. dino, don Domingo Sánchez Mesa, ha reconstituido la · Hermandad , que cuenta con más de 400 hermanos, los cuales trabajan para devolver a la capilla su antiguo esplendor, celebran cultos solemnísimos en la novena y después la procesión, que supera por su fervor y afluen– cia de personal a todas las de Motril. Cuando el 1920 se hacía el tabernáculo de plata de la catedral granadina, visitó el autor de es te libro el taller de fundición en los momentos en que iba a fundirse un óvalo de baja plata con la Divina Pastora repujada. y dijeron ser de un es– tandarte procedente de Motril. Lo adquirió por una cantidad de plata igual al peso del óvalo. En 1919 la Hermandad hizo un nuevo estandarte con su medallón de plata y tal vez, para costearlo vendió el antigüo,

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