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282 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. parroquial iglesia de san Miguel (1). Supo asímismo que se hizo otra ima– gen para el convento de Santa Madrona de los capuchinos de Barcelona, y que en ese convento, en 1763, se le erigió su Hermandad, que por justas razones fué despedida; pero con provecho de la devoción, porque se esta– bleció en los carmelitas calzados, donde hicieron los hermanos otra ima– gen devotísima y su altar (2). Contemplaría las bellas pinturas de los her– manos, discípulos de Viladomat, Francisco y Manuel Tramullas, los pin– tcii·es catalanes de la Divina Pastora, y leería la variedad de gozos, que en hojas volantes circulaban por templos y casas, saturando la ciudad con el aroma de la devoción . Els gojgs a la Dfrjna Pastora son tan numerosos; que cada convento poseía los suyos peculiares, y la colección supera al medio centenar, todos sentidos y apropiados a la pie– ctad del pueblo (3). Enteróse cómo sus misioneros de Venezuela habían formado en 1737 el nuevo pueblo de Pastora del Yuruary (4), y que la pro– vincia, pidió a nuestro reverendísimo padre general que la imagen de la Dj– vjna Pastora venerada en la capilla del Santo Cristo de esta nuestra igle– sia de Barcelona sea adornada cuanto sufra nuestro estado, y que todos los padres misioneros la reconozcan por Madre, Guía y Protectora de to– dos ·sus afanes y santos ejercicios; y que dicho padre selló, Supra exposj– tam manifestationem, con su autoridad generalicia (5). Pero para su espíritu fué sobremanera confortable el conocer y tratar al padre Joaquín de Berga, que era el provincial de los capuchinos catalanes, cuando el beato misio– nó en el Condado, y para entonces tenía escritos y publicados dos libros. La Divina Pastora o sea, Meditaciones a María Santísima, Madre y Se– ñora nuestra, cuidadosa Pastora de las almas, para alcanzar su patro– cinio en la vida, con una feliz y santa muerte (6), y la Novena a la Sobe– rana Emperatriz del cielo, María Santísima, Pastora de las almas (7), li– bro aquel, que además del mérito de ser el mes primero que se ha consa– grado a la Divina Pastora, tiene el otro , de valor intrínseco, de sus místicas y ascéticas meditaciones, basadas en un texto bíblico o de la tradición. Po– see también otro mérito interesantísimo, y es el capítulo único, que dedi– ca a la historia de la devoción. En él ha conservado el padre Berga pre– ciosísimos datos del origen del título de la Divina Pastora en Sevilla y de su progreso; de su establecimiento en el templo alcantarino de san Gil en la corte, en otras provincias y en América. Puede decirse que es, después del padre Isidoro, el continuador de la historia primera de la advocación. Toda la obra está escrita con gran fervor mariano, y, además .de las meditaciones, tiene para cada día una oración particular con el fin de al– canzar de la Divina Pastora la virtud sobre que se ha meditado, y termina con la fórmula de la corona franciscana y veintiuna estancias, siete para cada orden de sus misterios: gozosos, dolorosos y gloriosos. Al principio pone. al modo del padre Isidoro y del beato Diego, una pomposa y larga dedicatoria, en la que explaya los más vivos sentimientos de amor y gratitud de su alma. No queremos preterirla, porque la histÓria l , P. Berga, o. c. p. 23. - 2. lb. , p. 24. - 3, P. Andreu de Palma de M., fa cuLTE DE LA D1v1NA PASTORA A CATALUNYA, Barcelona, MCMXXV, p. 11. - 4. D1cc10NARIO ENCICLO– PÉDICO Hispano Americano, t, 15, pp. 1032 y s. - 5. Archivo Prov. de los capuchinos de Ca_talufía. - 6. Barcelona, 1784. - 7. NovEN:ARIO A LA D1v1NA PASTORA, por el P. Joaquín d~ Ber~a, prov. y Galific. del S~nt. Ofíc. Barna, imp. de Bartomeu Giralt.
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