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LA DIVINA PASTÓRA y BL B'tó. DÍBGÓ J. oe c. iglesia con horas de anticipación, esperando satisfacer su hambre de la palabra divina. Camino de Alicante salían los pueblos en masa y le pedían su bendición; allí reconcilía públicamente a varios caballeros enemigos, curó instantáneamente a una mujer tullida y sanó a muchos enfermos. En Orihuela y Murcia, en Cartagena, Totana y Lorca se pueblan los campos de Cofradías, todas con sus insignias, para recibir al que va en nombre del Señor, y sus misiones,-según dice la historia-, fueron cada una otros tantos portentos de la misericordia divina. En Murcia se refiere que llegó a tener un auditorio de cuarenta y dos mil personas (1). Una y otra vez, como en Zaragoza , ha sentido fray Diego el rayo de la muerte que le priva– ba de la vista y del juicio, consecuencia de su titánica labor, pero así y todo al pisar la tierra andaluza aun le quedan arrestos para misionar en Motril, donde después de predicar diez y siete sermones, al ser nombrado socio honorario de la Sociedad Patriótica. dirigió una alocución, después impresa, en que trata magistrnlmente , adelantándose a nuestro tiempo, so– bre las bases del trabajo , industria y agricultura, instrucción, enseñanza y economía política , defendiendo en las escuelas la separación de sexos, cuestiones tan debatidas en la hora presente y que tan sabiamente las re– solvió el apóstol. Si en todas estas correrías apostólicas paseó fray Diego el estandarte de la Divina Pastora, dándola a conocer y propagando su devoción entre los fieles; consideradas dichas expediciones, por lo que toca al foro interno de los capuchinos, puede decirse que con grandes ventajas causaron una corriente mutua entre el apóslol y las provincias capuchinas españolas en orden a la glorificación de la Pastora Divina. Conocía fray Diego perfectamente el florecimiento de la devoción pas– toreña en Andalucía y también en Castilla , porque la tocó en Aranjuez y en la corte, donde fué implantada por la reina Isabel Farnesio; pero de otras regiones no era así por falta de datos concretos. Ahora, con la evidencia, se le va a presentar la ocasión de intuir y admirar los frutos conseguidos por sus hermanos en estos últimos años. Efectivamente, en Zaragoza vió el entusiasmo grande que sentían los capuchinos aragoneses por la Divina Pastora , a la que eligieron por Pa– trona de sus misiones y espirituales tareas, y que en la isla de la Trinidad habían dado el nombre de Pastora al pueblo de Si paria (2); vió la variedad de imágenes, pinturas y estandartes con que difundían la mística advoca– ción (3), como también las canciones y libritos que con este fin publicaban (4); pero, sobre todo, inundó su alma de consuelo cuando supo que los estudiantes del convento de Borja habían obtenido del obispo de Tarazona, don José La Plana, que les costease una plancha con la reproducción de la imagen de su iglesia , para reproducirla en gTabados, con el fin de ve– nerar ellos en sus celdas a la celestial Pastora y poder propagar la devo– ción entre sus devotos (5). 1. RELACIÓN de la misión de Murcia, t. I de las obras del V. P. Cád iz, p. 54. - 2. P. Ber– ga, o. c., pp. 21 y s. - 3. En nuestro convento de capuchinos de Jesús de Madrid se conser– va una vieja pintura, en cuyo pie consta el patronato misional de la Pastora de los aragone– ses. - 4. NovENARIO DE LA DIVINA PASTORA, por el padre fray Lamberto de Zaragoza: Zara– goza: Francisco Moreno, 1755. - 5. Tiene una inscripción que dice: •La Divina Pastora de

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