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'/ I EXPEDICIÓN DE LEVANTE 275 Pero aún no sosegado y repuesto de tantas tareas y .pesares, reanuda sus trabajos para terminar los escritos referentes a la fiesta de la Divina Pastora, pues escribe al padre Eusebio en 1785: «El padre maestro de nóvicios tiene en su poder el oficio entero de la Divina Pastora, para que lo sacasen en limpio los novicios. Hágame vues– tra caridad el favor de pedírselo y enviármelo por el correo, si puede ser, certificado, porque tengo aquí quien lo copie de muy buena letra y ortogra– fía» (1); y en otra le urge: «Aguardo el oficio de la Divina Pastora que quedó en podu del padre maestro de novicios, para que acá lo saquen en limpio a satisfacción» (2); y en una tercera le avisa: «También recibí , días pasa– dos, el oficio de la Divina Pastora. La misa no me hace falta, y así puede vuestra caridad ·retene,rla en su poder » (3). Todo lo cual indica que los escritos aún estaban en 'vías de prueba y retoques y que , pudiendo, remo– vía el negocio y no cejaba un punto para realizar su empresa. Pero nuevamente · hubo de · suspenderlo, porque las expediciones / apostólicas por .Andalucía en· dicho año y en el si~uientE fueron abr. uma– doras, y, sobre todo, por las que hubo de emprender desde octubre de 1786 por Castilla, Aragón, Cataluña, Valencia y Murcia, haciendo su regre– so por el reino de Granada, donde fué célebre su predicación en Motril. Los percances prósperos y adversos ocurridos en esta dura y larga expedición darían materia para un libro curiosísimo. Hizo .el · viaje a pie, como el de Madrid, y le acompañaban el padre MigÚel de Otura y un dona– do con su mulito. Fray Diego iba escribiendo en su diario los pueblos del tránsito, las leguas andadas, los santuarios donde decía misa y el punto de reposo: todo interesantísimo , incluso para la topografía de la penínsu– la (4). En la noche del día 18 llegaron a Socuéllanos, lugar de la Mancha, y pidieron hospedaje al síndico de los capuchinos, quien les dió de cenar y habitaciones para dormir. Después que se retiraron los religiosos, sos– pechando el dueño de la casa que fuesen unos foragidos, trajo a unos hombres armados y les mandó que despertasen a los huéspedes, lo que hicieron con fuertes golpes y se los llevaron a un mesón, dejándolos toda la noche bien encerrados. Los tres, metidos en una habitación pequeña, húmeda, sin luz, con solo un camastro y clausurada por fuera con el ce– rrojo, pasaron lo suyo sin saber en qué acabaría aquello. El padre Otura, bromeando con fray Diego para quitarse el susto ; le decía: - ·¿Qué tal si el síndico fuese el alcalde y nos metiese en la cárcel como a gente sospe– chosa? - ¡Ojalá, replicó el apóstol, porque yo nunca he estado en la cár– cel. Dormiríamos en el suelo y comeríamos habas sin espigar. - ·A lama– ñana les abrieron la puerta , y ellos, dando las gracias al mesonero, sin más , continuaron su ruta hacia Cuenca. En esta ciudad le obligó el señor obispo a que predicase una. misión, cuyos frutos fueron colmadísimos , según el padre Alcover, su nuevo di– rector (5). La mañana, en que debía partir fray Diego, nevaba y llovía to- . l. Carca 26 de abril. - 2. Id., 2 de mayo. - 3. Id., 1 2 de julio. - 4. , Día 2 de 'oc– tubre ·salí de Ronda y pasé la noche en Caíi.os Santos: distante cuatro leguas... .Día 16 seguí• mos al Sto. Cristo del Valle, insigne santuario, que dista tres leguas de Valdepeíi.as, y de allí a la Solana, que dista dos: son todas hoy cinco... bía 22 seguimos ·por Arcas, que hay tres le– guas y fuimos a Cuenca, que dista dos: todas cinco. Aquí nos detuvo el seíi.or obispo para hacer misiones. Hasta aquí desde Ronda ochenta y ocho leguas,. Arch. del beato Diego. - 5, · HrsroRIA de la vida interior..., p. 162. ·
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