BCCCAP00000000000000000000461

270 LA DIVINA PAS'i'ORA Y EL B'i'O. DiEGÓ J. De C. Henares, dond.e voy a tener ocho días de misión , para la que hacemos ánimos de salir de aquí el 24 o 25 del corriente. De lo demás nada puedo decir a usted sobre si nos detendremos, o si, de orden del rey ... pasare– mos a otra parte; pues, aunque ya está aquí, no le hemos aún besado la mano ni a las personas reales: de consiguiente nada tenemos de la prin– cesa ... El embajador de. Rusia no ha parecido, aunque está aquí. Dios lo asista y haga suyo. L_a otra señora que dij e a usted el año pasado, sigue a pasos largos el camino de la perfección cristiana» (1). A estos interesantísimos informes sobre la misión madrileña, que nun– ca deben preterirse para enjuiciar el memorable acontecimiento, poco después añadía el apóstol los de la complutense, diciendo: • La misión de Alcalá, aunque amarg·a para mí por la habitual sequedad ... , en la que me alegro interiormente cuando más se aumenta , fué no · obstante efi– caz y abundante de la divina asistencia, y bien recibida por el pue– blo y principalmente de aquella famosa univers idad. Nueve días duró la misión y en ellos fLieron raras las expresiones de admiración y ala– banza de los padres maestros, catedráticos y doctores, colegiales mayo– res, etc., por el modo de la predicación ... El fruto de la misión parece fué copioso. Fueron algunas familias de Madrid, y entre ellas la señora ... que hizo su confesión general conmigo y dió principio a nueva vida ... y así gradúo esta conversión por una de las particulares en mis tareas » (2). Así se expresaba fray Diego, retirado misteriosamente de la corte, a su director; pero éste, que había puesto la puntería de la misión en el baluarte de la impiedad y quiso verlo, más que abatido, deshecho y reducido a escombros, le responde con una carta memorable , que haría llorar al após– tol, y aun hoy causa pasmo y terror su léctura. «Muy otro-le dice-fué y es en el día nuestro juicio en orden a la mi– sión de la corte y de reales sitios; pero 10· someto al que en ninguno yerra, porque todo lo sabe, lo dispone y lo permite. Tú en la corte. en cuanto a tu ministerio , cumpliste; y el Señor que te llevó , quiso que llenases tu obligación, dándote todo cuanto necesitaste, para que sean Ínexcusab/es los Íncrédulos. Te conservó tu estimación, haciéndote admirar de cuantos te oyeron. Te insinuó en los corazones de los más visibles en ella; pero al mismo tiempo indispuso los ánimos de los que debieron proporcionar los medios para que hubiese sido efectivo, y no meramente afectivo, el fruto; se movieron muchos, muchos desearon, quisieron , ansiaron por su refor– ma; pero te retiraron , se lo negaron y te lo impidieron. No permitieron que el soberano te tratase, te oyera y te conociese; le negaron al Consejo; y quizá porque los serenísimos señores príncipes te estimaron en el sitio de Aranjuez , te retiraron de la corte a Alcalá y de Alcalá a Andalucía. ¡Ah, fray Diego mío! No la conservación d<' tu salud, sino la oculta mano de un Dios, que sabe usar de sus terribles permisiones, ha hecho , si no inútil , no efectiva la misión de la corle y tu ministerio en ésta. No tu superior, sino Dios, te ha traído a Málaga; porque tu salud no estaba, ni aún está tan rendida , cuando la empleabas en la misión. Pero sea de esto lo que fuere, yo con fundamento sospecho que de tu cargo es en todo ofrecerte a Dios con indiferencia, dejándote conducir a donde te lleva y por donde Je l. Carta, 18 de abril de 1783.-2. Id., 20 de junio de 1783.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz