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MISIÓN ÉN LA COine acabé aquel sermón. En los demás conocí también el favor de la Santísima Señora, porque , yendo en muchos de ellos lleno de confusiones etc., ha– blaba con oportunidad y no pequeño esfuerzo. Los asuntos he procurado sean para gente de corte. He hablado mucho contra la incredul'dad y he predicado varios sermones directamente a este solo intento; los que, no obstante de haberlos producido con bastante ardor, pero sin descender a puntos particulares, han sido muy bien recibidos . Los concursos han sido, seg·ún permiten las iglesias; pero se han compuesto de la gran~~za, el clero, gTan número de religiosos, consejeros, inquisidores, milita 1 res , títulos y demás gente lucida de la corte. · • Acabóse· la misión al público, y me destinó su excelencia el señor ar– zobispo a las relig'iosas y a las cárcele.s para hacerles pláticas reservadas, como lo estoy practicando. He vivido con el desconsuelo de no ver fruto alguno de aquel que buscamos; pero sin turbarme por ello, hasta que la tarde del día 15, volviendo de predicar en una cárcel, encontré en la puerta del.convento una señora excelentísima medio disfrazada , que pretendía ha~ blarme. Esta me aseg·uró que toda la grandeza estaba sumamente movida de la predicación, deseosa de confesar, o al menos hablarme para dispo– ner el arreglo de sus vidas; que las que más lo deseaban eran las q'ue hasta ahora han sido el escándalo de la corte y aun del reino; que este fruto se perdía por no darles yo audiencia, pues clamaban con lágrimas de su corazón por su remedio, al ver la infinita fuerza que les había hecho la palabra del Señor; que el último día , que fué el 7 del corr iente por la mañana, en que hicimos el aniversario por los fieles difuntos . y prediqué un sermón tierno y devoto, había sido tanta la conmoción, que , llorando todas las señoras , se decían:-¿I?or qué no hemos de hablar con este pa– dre que nos ha enviado Dios para nuestro remedio? Si queremos arreglar– nos a lo que nos dice y hace infinita fuerza , ¿por qué nos han de quitar este bien? ¿Para qué lo han traido?- .. Al fin, amadísimo padre de mi alma, yo entiendo por el informe de esta señora que todo el señorío es nuestro , en– trando los hombres, aun aquellos más disolutos e infestados con los erro– res del siglo . He creído esto, porque supe después que la excelentísima se– ñora que vino a habl arme parn solicitar su remedio, ha sido hasta ahora escartdalosísima en la corte; y su marido, gTan libertino (también reducido), me señaló varios sujetos de los que pretendían lo mismo, entre ellos a la duquesita de Alba , cuyos desafueros son notorios en esas Andalucía s... ; y la señora condesa de Bobadilla, que hace 20 años o más que sigue pleito de nulidad con el conde su nrnrido, y dijo haría lo que yo le dijese, etc. He citado a usted estas, para que infiera lo que será en lo poco que pudo decirme la señora. Yo me ofrecí a buscar proporción de oirlas algún rato, y estoy en eso , s·i puedo conseg·uirlo; pues el señor arzobispo y otros su– jetos , que miran mucho por mí, al ver tales criaturas así movidas, les quieren franquear y franquean cuantos arbitrios haya, para que me traten.".' , No es para dicho, padre mío , la novedad que ha causado y causa a las genles el ver a tales personas, que no acostumbraban oir un sermón , concurrir con empeño a oirme cuantos más podían, aún siendo a la hora incómoda de las cuatro de la tarde, en que para estar con tiempo necesi– taban tal vez irse desde la mesa a la iglesia. Ignoro en lo que esto vendrác a parar: sí sé que, viendo no me detengo aquí y las dificultades que hallan parn que las oig·a , piensan algunas de estas señoras pasar a Alcalá de
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