BCCCAP00000000000000000000461
268 LA DIVINA PASTORA Y ~L BTO. DIEGO J. DE C , nos de la Ley con la conducta de los ancianos del Apocalipsis, figura de los santos padres, que miraron con tanto respeto el Libro sellado, símbolo de lo más oculto de la Ley, que no tuvieron valor para abrirlo , y en esta confutación acriminó a Voltaire y a Rousseau. Con lo dicho prolongó el sermón como unos tres cuartos de hora más de lo acostumbrado, y con sólo esta dedada de miel, de lo que tanto deseaban oirle, se sacrificó a los preceptos de la obediencia sin darse a conocer lo bastante en la corte con harto dolor mío » (1). Así se expresa el testigo presencial , revelándonos que la misión fué ciertamente torpedeada . Pero la gracia de Dios caía como maná sobre las almas y fermentaba – para el bien. Las muchedumbres eran del apóstol, la vida aris:ocracia y no fué poca, que conservó la austeridad de costumbres , cantaba victoria , y la otra, la relajada y postiza , reaccionaba como la Magdalena y la Samarita– na , constituyéndose en pregoneros del enviado de Dios , a quien llamaban el segundo Santiago; los hombres de ciencia, los corifeos del enciclope– dismo, los ministros de la corona, que sólo veía n , hablaban y obraban por las instrucciones de la Sociedad Literaria de París, estaban confun – didos y aterrados ante el magisterio irresistible y avasallador del que Dios les enviaba como su ministro plenipotenciario para hacer las paces con España antes que sintiera el azote de su ira y de su castigo (2). _Dara dar a conocer, aunque sea someramente los grandes y profun– dos frutos de esta reñida misión , cumbre, por lo que en ella se ventilaba, de todas las que predicó fray Diego, nada tan interesante como la relación que de ella hizo al padre González: «Conozco-le dice-la especial asistencia con que Dios me ha favore– cido , así para no perder esta confianza , como para conservarme en una grande indiferencia y resignación con que me hacía no apetecer otra cosa que cumplir su santísima voluntad, aunque esta fuese de que me volviese a la Andalucía sin conseguir fruto alg·uno. Este no dejaba de apetecerlo; y al ver se pasaba el tiempo sin que se presentase alg·uno , temía que por mis horrendas ingratitudes (que usted bien sabe), negase Dios tanto bien a este pueblo. Así he seguido predicando con pequeños intervalos en la interior desolación con que dí principio , aunque con alg·una mayor serenidad y eficacia , especialmente en la tercera última semana , en que se dejó ver el Señor por sus efectos, en el modo con que concurrían las gentes a oir su divina palabra. Esta última semana fué en el convento de los padres car– melitas descalzos. Subí al púlpito la primera tarde de ella bien amargo , porque no acertaba a proponer el asunto que había pensado; pero apenas levanté los ojos al altar mayor, y vi la imagen de .nuestra Señora del Car– men que estaba descubierta, me acordé de lo que usted me dice sobre esto y de lo que me sucedió por el camino; le encomendé de nuevo la misión, le pedí su asistencia etc., y me pareció haber admitido la súplica, según la grande confianza que me infundió y el aliento con que empecé, seguí y l. L. c., ff. 64 y s. Esta R ELACIÓN y la de -su hermano Lorenzo, inédita s tod avía , aunque citadas alguna vez, debieran aprovecharse por los futuros biógrafos del beato, porque contienen datos interesantes y desconoc idos. - 2. •Quintana le oyó-dice Menéndez y Pelayo-y quedó .asombrado, y todavía en su vejez gustaba de recordar aqu el asombro, según cuentan los que le conocieron• . HISTORIA DE LOS H ETERODOXOS, t . 3.º, p. 352.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz