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NISIÓN EN LA CORTE 263 lr.1 charca de los errores y vicios donde beben y se solazan los libertinos, contra los cuales .debo pelear hasta ganarlos para el bien. El taumaturg·o ante la presencia de la ciudad ingrata se aparta de sus compañeros para entregarse a la oración, y se siente amargo, caido y sin .aliento. Si a Jesús; desfallecido en Getsemaní, le envió su P,adre el ángel de los consuelos para que lo fortaleciera, a fray Diego, embajador suyo, le envía a su propia Madre, para que le conforte y consuele. Veamos como lo refiere el apósfol, sin dar importancia al éxtasis con que el cielo le regalaba: «Así, amargo, caido y sin aliento, seguí todo el viaje hasta la mañana del día en que llegué acá. En ella, viniendo mio y teniendo a la vista a Madrid, tomé por punto de meditación, por ser vier– nes, a Jesucristo mi Señor crucificado en la palabra: Ecce Filius tuusi ecce Mater tua (este es el texto del evangelio de la fiesta de la Divina Pas– tora y en que se basa su místico pas torado sobre las almas): . apliqué a mí la necesidad de imitar las virtudes del santo evangelista, que le hicieron acreedor a tanto beneficio, y volviéndome después al pueblo me sentí lle– vado de un extraordinario deseo de la salvación de todos sus vecinos, con especialidad de los incrédulos y libertinos... A esto sobrevino una humil– de, generosa, confiadísima fuerza para pedir su conversión con tanto ím– petu, lágrimas y eficacia, que no podía contenerme, faltando poco para dar gritos con que desahogar los sentimientos del corazón. Propuse a nuestra Señora el Ecce filias tuas con iguales impetus de lágrimas y con alguna menudencia hice en sus santísimas manos una total renuncia de mi volun– tad, intereses, salud, vida, consuelos, etc., y me pareció con alguna inte-· rior certeza que nuestra Señora lo admitía todo y guardába en su sagrado pecho, como dando a entender , ya que estaban a su cargo mis aciertos y ya que para el fruto de esta misión recurriese a la Santísima Virgen, a quien Dios había especialmente concedido el ·remedio · de este pueblo en la presente ocasión. Nada oí en todo es to; pero sí se me iba proponiendo con tanta seguridad, que no me dejó arbitrio para dudar en ello ... Se desvane– cieron mis temores y se medió una notable tranquilidad de espíritu con una generosidad tal, que me parecía tener ya convertida la corte en un dechado de religión y piedad. No olvidaba en medio de esto cual debía ser la conducta y ejemplo de mi vida , y hablando yo conmigo, queriendo ex– hortarme a la oración, en el nombre de Cristo mi Seño·r, me dije: Orame macho, fray Diego mío. Apenas lo dije, cuando sus efectos de humilla– ción ... me hicieron parecer me hablaba de aquel modo Jesucristo mi Se– ñor. Le dí palabra de cumplirlo y con esto llegamos al término de nuestro viaje» (1 ). Era la una de la tarde del día 7 de marzo y en la misma debía dar co– mienzo a la misión, sin tomarse un leve descanso, pues inmediatamente debió llegar el confesor del rey para entregarle, en nombre del primer mi– nistro, la minuta o temas de los asuntos que se le mandaban tratar (2), ,l. Carta, 14 de marzo de 1783. - 2. Se acomodará prontísimo a predicar en la corte los asuntos, que le señale el que en aquellos días llevaba el peso de su gobierno, aunque sea sin tiempo pc.ra meditar... manifestando por este medio más y más el caudal vastfsímo de su sa• bidL1r(a.-P. Luís de Sevilla, ORACIÓN f ÚNEOOE DE FR. Drr,;co EN RONDA, p. 126.
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