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MISIÓN EN LA CÓIITE 26i de esta alma, y que Dios puso en la suya el fuego de la caridad evangélica que lo i111pulsaba fuertemente a lucrarla p:'lra Cristo y su Iglesia. · Su director lo detiene y le ataja en esta empresa y le traza un rumbo opuesto al que pensaba seguir el apóstol, que obedece ciegamente hasta el exlremo de no preocuparse ni de ver siquiera a la princesa: y aque– lla oveja extraviada, por justa permisión de Dios, fué de mal en peor, y sus escándalos y liviandades pesarán sobre ella, como la relajación y parte je la ruina de España. ¿Qué hubiera sucedido de haber conquistado para Dios esta alma? ¿Hubiese retornado la nación con su ejemplo y gran in– fluencia, indiscutible, a los años felices de los reyes católicos? ¿Se ha– brían exacerbado los poderes de las tinieblas , creando una situación difícil al enviado de Dios, amordazando sus labios y desterrándolo , como des– pués lo consiguieron? ¡Adoremos los altos juicios del Señor! Pero en descargo del padre González débese saber lo que decía a fray Diego ya próximo a partir para Madrid: «Sobre la. corte hay vivos de– seos de que .llegues y no poco temor de que abunden libertincs, que andan sembrando.con anticipación la cizaña. Tú sabes que te han atribuido unas indignas coplillas a los dolores de la Santísima Virgen, y yo sé mucho más que a la vista te diré y que, avisado de los señores de la corte he to– mado prenda en proporcionarte IÓ que más ponga a cubierto de la conjura, maledicencia y rabia de los libertinos, tu honor, tu persona y, lo que es sobre todo. el ministerio y sus frutos, que serán copiosísimos, dando el Omnipotente virtud a su palabrn» (1). Sin pretenderlo el sabio director se ha .justificado de la razón que le asistía para dar aquellos consejos y amonestaciones a su dirig·ido, pues al 1-evantarle el velo de la infernal maniobra que se tramaba contra él, nos da la clave de lo que deberá ocurrir en la corte: las fuerzas del mal aduna– das y fortalecidas CQn los resortes del gobierno trabajarán con denuedo en los antros eje las tinieblas para derrocar la autoridad del taumaturgo y hacer que su misión divina y su palabra de fuego sean infructuosas e ine– ficaces. Se van a enfrentar los dos poderes, el del bien y el del mal; el de Lucifer con sus secuaces y el de Dios por su ministro plenipotenciario, se– guido por la parte sana de la patria. El cielo prevé la gran batalla que se va a librar y procura fortalecer a su embajador con la coraza de las virtudes y el arma de dos filos de la palabra divina. Si en Ubrique es san lldefonso quien le asegura que es su protector y que la Santísima Virgen lo auxi liaría en la misión de Ceuta. y le da a con1er un libro para que por su boca triunfe el Señor de la falsa sabi– duría, para la Misión de Madrid se le da de protector al melifluo doctor san Bernardo, el g-ran devoto de María, y cuando daba g-racias a la Santí– sima Trinidad por este berwficio extraordinario, vió y oyó que los áng.eles , con música nueva, se unían a ély cantaban el Lauda/e Dominum omnes gentes, inundando de g·ozo, humildad, paz, devoción y resignación el es– píritu del apóstol, tan decaido y maltrecho ante las contradicciones qu~ se le oponían y las que esperaba (2). Comunicó al padre González el contento espiritua l que sentía por esta merced, el cual le contesta: «El dulcísimo protector, que ahora se te d.ecla– ró, ya lo era tuyo ... ¿Qué espíritu fué el de ese santo, dado a la l g:Jesia l. Carta, 22 de enero de 1783. - 2. Carta 23 d; agosto de 1782.
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