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260 LA DIVINA l>AStORA Y EL Btó. DIEGO j. DE e. las casas de los señores y del trato de gente y aquel huir de toda señora, ¿no privaban, cuando menos, a los c@rtesanos de la benéfica influencia espiritual que causaba a todos la presencia, el trato y la conversación de fray Diego, de quien pudiera decirse como de Jesucristo: Virtus ex j//o exjbat? El proceso de beatificación habla infinida.d de veces de los saludab les efectos, que producía en los palacios, testigos de su vida portentosa, de su oráción durante las altas horas de la noche, de sus éxtasjs sorprendi– dos por el orificio de las puertas, de sus acerbas mortificaciones de ayu– nos, cilicios y disciplinas, de su humildad y pobreza, y de aquel cúmulo de virtudes, que cautivaban a los grandes de la tierra , creyéndose dichosos con tratar y aposentar en sus palacios a un pobre capuchino. descalzo , con sandalias burdas y rehechas, vestido siempre con un hábito viejo, que remendaba él o el hermano , que le acompañaba. El consejo, que le da el padre González, de contener su vehemente deseo de ganar para Dios la princesa, la futura reina de España, doña María Luisa de Darma, obedece ciertamente a lo que fray .Diego le escribió después de su misión en Aranjuez: · «El mayor cuidado que me traje fué el de la princesa, nuestra señora, la que se quedó como se estaba, sin la resolución, que necesita y tan de veras le pedí a nuestro Señor. Yo la amo cada día .más, de modo que el co– razón se me va por su alteza. Me pongo delan_te de Dios y le digo que me la ha de dar, porque es mi hija de mi corazón y como mi propia alma. Es– ta grandísima fuerza de mi cariño interior, que advierto, me hace pensar o esperar que el Señor me ha de dar esta alma; pues ya sabe usted que .cuando así amo alguna criatura, es lo común comunicársele Dios y traerla a mejor vida. Ayúdeme usted, padre de mi alma, a pedir este favor y cár– gueme usted, para su logro, de cuanto quiera o Dios le inspire, No hay remedio, mi princesa la quiero yo y ha de ser mía, pues para Dios, no para mí la pretendo , (1). Este párrafo tan discutido en el proceso de beaiificación y tan glorio– saIJ1ente explicado por el defensor, pues recuerda al Pastor Divino bus– cando la oveja perdida y al caso de la Samaritana del evangelio, revela que con luz profética conoció. fray Diego .la trascendencia de la conquista 1. Carta 18 de junio de 1782.-El apóstol con estos sentimientos no mira en la mujer ·más•.que un alma redimida por Jesucristo, que debe salvar. Recuérdese la impresión que le produjo la noticia de aquella dama muerta en los brazos de su galán después de su primera misión en Málaga: •La noticia lastimó tanto mi corazón, que ansiaba por bajar al infierno para sacar de él aquella alma, sí acaso estaba allí, como es creíble. Se deshacían mis entrañas y no sé qué hacerme por remedio de esta criatura ... ¡Cuánto siento ser el que soy en estas ocasiones! Quisiera ser .un santo... que lograse de mi Dios mis deseos en orden al bien de las almas. ¡Qué pequeño me parece el mundo! ¡Qué ansias de hacer misión en el infierno, en el limbo de los niños y aun en la bienaventuranza! Locuras son, yo lo confieso, pero no puedo irme de la mano... No quiero morirme hasta el día del juicio, sin que deje {;onverrido a todo el mundo: que estando en el cielo.. . le diré a Dios. ¿Qué hago yo aquí parado?.. , ¡Dadme, Se– ñor, licencia para ir a misión y entonces andarlo todo: el limbo y el infierno, y últimamente hacerla a los santos del cielo , . Carca al padre González, 15 de mayo de 1779. A través de este sumible prisma miraba fray Diego el alma de la princesa fluctuante ya ·en sus futuros devaneos.

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