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258 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. Juliano con la expulsión de los jesuítas y las terminará con la desamorti– zación y exclaustración de las Ordenes religiosas y el inicuo despojo de la iglesia española. Y antes de coger a ese inmenso imperio español y en su cólera divina ahogarlo en un diluvio de sangre y de ignominia, le mandó, como ministro plenipotenciario suyo, a su apóstol, al monstruo de su siglo » (1). Lo que en esta misión iba a debatirse es de tal trascend~ncia, que pu– diera compararse a los solemnes momentos en que Recaredo daba la uni– dad católica a España, o a aquellos en que se la devolvieron los reyes cató– licos, dándole además un nuevo mundo, o a los siguientes en que el ínclito hijo de Loyola, con sus huestes, se convirtió en paladín contra la Reforma protestante, que tenía dividido y ensangrentado el cuerpo místico de Jesu– cristo. Dor esto los .poderes del cielo se aprestan a fortalecer a su apóstol para la lucha, mientras que los del averno se organizan para obstaculizar su marcha y hacer fracasar los designios de Dios. El primer indicio de esta oposición se vislumbra en la retirada forzosa del apóstol de Aranjuez, para que no continuase su misión a la corte de Madrid. Fuerzas ocultas inspiraron al padre provincial llamarlo para que le acompañase en la visita pastoral, sobre lo cual dice fray Diego a su di– rector : «Este fué el motivo más poderoso que propuse al ilustrísimo padre confesor del rey, para que me dejasen volver por acá y el que manifiesto a usted con el mayor secreto » (2). Como fray Diego ni acompañó a su prelado ni intervino en dicha visita, débese suponer que tal motivo fué un pretexto para cumplir in– sinuaciones u órdenes reservadas que recibió el padre provincial, y ·al retirarlo de la corte y de la misión de Madrid en aquellos momentos de conmoción y cálido entusiasmo, ¿no sofocaría los sazonados ·frutos, que se estaban presintiendo y que tal vez hubieran redimido a España del liber– tinaje enciclopedista y del castigo del cólera y de la pérdida de su hegemo- nía moral? - En los preparativos de la misión, de aquí y acullá, se toman cautelas por unos y por otros, con la mejor intención, para precaver males y ase– gurar el éxito, pero que a la postre maniataban la libertad del apóstol. Se le aconseja que no lleve de compañero al padre Eusebio; que debía hos– pedarse en uno de los conventos capuchinos y no en las casas de los ex– celentísimos (3) , lo que a veces era conveniente-ya por la cercanía al tem– plo, ya por otras muchas razones-; se le prohibía el hablar con las seño- 1. P. Ubrique, VmA DEL BEATO DIEGO, t. L pp. 281 y s. - 2. Carta de 18 de junio de 1782,-El director le contesta·de este modo: El Señor •inspiró a tu superior el pensamiento de llevarte por la provincia, y, sin conocerle, el de comunicárselo a D. Juan Ponce, familiar favorito que fué del excelentísimo señor Solfs, para que me lo dijese y le respondiese por él mismo, para que ninguno lo supiese,. Carta del padre González, 2 de julio de 1782. ¿A qué este secreto y acudir a un desconocido de influencia y hacerlo en forma de que no quedase constancia? Aquí se ve el rastro de la mano oculta. - 3. , Desde noviembre me están estimu– lando los dos amigos nuestros, Chacón y Zárate, a quienes estimulaban el señor conde de Balazote, el superior y definid ores de esa provincia. para que yo, sin decirte nada , arbitra¡¡e los medios de que te hospedaras en un convento de tu Orden y fu ese otro de compañero en vez del padre Eusebio , . Carta de su director, 25 de febrero de 1783.
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