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252 LA DÍVINA PASTOl1A Y EL Bt o. DIBOO j. DB C. tarse en los concursos, pidieron los señores príncipes e infantes al rey, nuestro señor, que les predicase yo algunas pláticas después de la nove– na. Concediólo su majestad, y en efecto se tuvieron en las tardes de los días 15 y 16, estando sus altezas en sus respectivas tribunas, quitadas las celosías, la grandeza en la capilla mayor y el cuerpo de la iglesia. La abundancia de las misericordias de Dios en esas tardes me deja pobre de voces para significárselas a usted... Los príncipes me llamaron oculta– mente el día 11, en el que a las dos de la tarde fuí a su cuarto a besarles la mano , donde me recibieron en pie, con demostraciones de singular bene– volencia, que me servían de admiración, la que creció, hasta el asombro , cuando vía mi señora princesa ponerse de rodillas para que le diese la bendición, como en efecto lo hice. repitiéndose ayer lo propio en los mis– mos términos. Dí a sus altezas algunas estampas , rosarios , cédulas y cru– ces, que apreciaron mucho; me trajeron al infantito (el futuro Fernando VII) ... , para que le dijese un evangelio, y luego salieron hasta la puerta del cuarto a despedirme. Mi señora la princesa me ha escrito dos papeles, pi– diéndome el remedio de varias necesidades, especialmente de una, que, sin milagro manifiesto, no lo tiene. Lo deseo de corazón y lo pido al Señor con lágrimas, no sé si lograré ser oido. Ayúdeme usted, padre de mi alma, que juzgo nos importa, o hág·alo desde al:á, ya que me lo ha mandado tantas veces y mis pecados no me dejan obedecer. A esta señora me siento inte~ riormente tirado con una de aquellas fuertes inclinaciones, que me hacen pedir con lágrimas el bien de su alma, que, aunque no es perdida , se ape– tece sea mejor el ejemplo que dé a todos. Vivo confiadísimo de su logro , porque esta es una de las tres almas, que en particular pedí al Señor me concediese en esta misión, y las otras dos ya me las ha concedido. Una de ellas es una señora muy alta, que ha hecho conmigo su confesión ge– neral, y queda por la bondad de Dios muy distinta. Otra es el embajador de Rusia, griego cismático , el que ya (bendito Dios) es mío ... Este vino a buscarme antenoche y se me entreg·ó perfectamente, atraido del amor que con rllil extremos de abrazos y ósculos de paz me significaba. Me descu– brió todo su corazón y quedó reducido a ir disponiendo ocultamente sus asuntos para reunirse a la santa Iglesia romana , separarse de su empleo y · establecerse por acá lo más pronto que pueda. Es necesario sig·ilar esta noticia. Este favor de Dios me tiene fuera de mí, de modo que apenas acierto a darle las debidas gracias ... «Estos alborotos santos han llegado a Madrid y han arrastrado a va– rias familias de la grandeza, a diversos religiosos, a muchos eclesiásticos y otras personas particulares a venin,e a Misión, y han llegado a pedir al rey ... me envíe allá para las Cuevas de san Qinés y su majestad respon– dió: A las Cuevas no: quiero que vaya a predicar en la plaza para todos. «El día 16, en que fué la última plática a sus altezas, bajó orden del rey,°que trajo el ilustrísimo padre confesor, para que me detuviese aquí los tres días de Pascua del Espíritu Santo y en sus tres tardes hiciese a las personas reales un exhorto, que se acostumbra antes de darles la bendi– ción con el Señor Sacramentado ... y, aunque procuré excusarme por no detenerme aquí más tiempo , no se me oyó y hube de rendirme. De resulta de estas cosas, parece han encargado al padre fray Eusebio me prevenga sobre punto de obispado ... , y estoy en hacer toda resistencia para · en ninguna manera admitirlo ...
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