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MISIÓN DÉ 'Í'OLBDO, ÓCANA Y Al1AN)UBZ «A esta misión-le dice-han concurrido los pueblos comarcanos, no b.astando la g·uarnición de ocho o diez soldados para contener su devo– ción ... Han concurrido muchos señores g-randes de España, de los que se hallan en Aranjuez... Luego que comían se venían a misión y, concluida ésta. se volvían ... Venían también muchas señoras duquesas o gTandes, entre estas la señora de Alba, los señores de Medinaceli. .. Ha venido el ministro de las Indias, el señor Gálvez con la señora, los oficiales de la secretaría de Guerra, con la señora Castejón, y por último, todos o casi todos los del Sitio. Mi señora la princesa (la de Parma) envió a su prime- ra dama, la excelentísima señora duquesa de Soto ... para que me encar- gase de pedir a Dios por el feliz éxito de su alteza ... Vino también el em- bajador de Rusia (don Esteban Zinovief) que es cismático, en cuya tarde prediqué del beneficio de la fe o de traernos Dios a su Iglesia ... , del que quedó pagadísimo, y volvió otro · día a buscarme, para que siguiese con él una amistad estrecha, como en efecto se lo prometí, por la esperan– za de lograrlo para Dios ... Esta segunda vez fué el día de la despedida, en que hablé de la infelicidad de un alma que resiste a los llamamientos del Señor en la misión. Me dicen lo vieron lloroso al despedirme del pueblo. Cuando me citó para hablarme, añadió al caballero que trajo el aviso... : Diga usted al padre que soy ruso, que no soy tonto, que soy vicioso y que tenr¡o alma... «No es posible reducir a la pluma la conmoción, que hay en la corte, en Madrid y en todas las Castillas , etc. Se oye el Unde huic sapientia haec? Nemo potes! haec signa lacere, nisi fuerit Deus cum eo. Todo está conmo– vido. La familia real, príncipes, infantes ... , todo, todo, todo, los ministros, el padre confesor, todos, padre mío, claman por oir a su hijo de usted, por verle, tratarle, etc ... De resulta de estos deseos d_e mi señora la infanta y demás gente de palacio, se ha empeñado el señor duque de Medinaceli en llevarnos a Aranjuez, donde se halla la corte. a predicar una novena misión ... para lo que ha tratado con el rey nuestro señor el primer minis– tro, padre confesor, señor arzobispo, etc ... todos convenidqs en que vaya. El rey nuestro señor añadió: que si sus hijos quedan ir a oir al capuchi– no, que fuesen. Esto nos dicen que es cosa no vista» (1), Después, cuando le hace referencia de esta misión de Aranjuez,. en que trató de las Bienaventuranzas, añade: «Puedo aseg·urar, casi con juramento, que todo ha sido infuso ..• Sería pretender un imposible querer decirle la extremada dulzura, abundancia , eficacia,. penelración, etc., con que he predicado esta novena, y esto.tan de corazón , que más El (Dios), que los labios, pronunciaba lo que decía. Yo, lleno de paz, de seg·uridad, con un magisterio o gravedad humiide, que a mí propio me era extraño. Las gentes de todas clases, poseidas de un júbilo sing·ularísimo , asombrados , enamorados perdidos del misionero. Los primeros ministros, los grandes de España, la gentes ilustres, los eclesiá'!sticos, los pobrecitos, en fin , todos conmovidos, glorificando a Dios y publicando sus maravillas. Llegaban las noticias a palacio , lleva– das por el padre confesor, uno de los más apasionados o afectos ... , se conmovían las personas reales, querían orir .. ., y como no podían presen - 1. Carta de 4 de mayo de 1782.
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