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FIESTA LITÚRGICA DE LA DIVINA PASTORA 247 Congregación, para rezarlo en nuestra Orden» (1). Lo que indica que por lo menos desde el año anterior se ocupaba de tan interesante asunto. El pt·ovincial, a que hace referencia fray Diego, era el padre José Félix de Sevilla, quien, acompañado de los custodios padres Fulgencio de Sevilla y Eufrasio de Almonaster, asistió a di<:1,ho capítulo, celebrado en Roma el día 17 de mayo de 1782, en el cu~I fué elegido quinto definidor general el padre Nicolás de Bustillo, varón de exquisita prudencia y diplomacia, que habrá de tomar parte muy activa en el negocio. Pero apesar de los propó– sitos y diligencias de fray Diego, no se sab,e fija'mente si fué presentada al capítulo g·eneral su petición, ni que la llevaran; y si se hizo, no dió resul– tado la tentativa. En el sermón de Ecija ya vimos que desde la cátedra del Espíritu Santo insinuó la preciosa noticia de que las lecciones destinadas para dicho oficio las había tomado de san lldefonso de Toledo (2). Como el apóstol no lo dice, hemos tenido que investigar a quien le cabe la g"loria de haber sugerido la idea de efavar a la liti.trgfo eclesiástica el culto de la Divina Pastora; pero ese mismo silencio y el no indicar fray Diego ser mandato o súplica de sus superiores, como también el no ha– tlarse en parte alg·una el menor rastro para atribuirla .a otra persona, nos mueve a dar ese honor al mismo fray Diego, que poi: l'rumilda.d lo silenció; p'ero es algo que le pertenece, como el aroma a la flor~ Así pu·ede· d.edücir– se de estas .palabras del padre Luis Antonio de Sevilla, que· lo trató ínti- mamente pof largos años-; . · «Entre todas las advocaciones enque-invocamos y veneramos a nues– tra gran Reina, las que más llama.ban su atención y a las que manifestaba más afectuosa devoción, eran a la 'de la Pastoá, y a Jí'i de la Paz. Por ex– tender el culto de la primera, colilo buen capuchino, trnbajó mucho. Con este fin se propuso y entabló la pretensión en la corte romana y Congre– gación de Sagrados Ritos, para que se aprobase y por ella se autorizase este sagrado, propio y amable título, qué como es bien público tuvo princi– pio en Sevilla ... Nuestro fray Diego se propuso perfeccionar la obra que tan felizmente empezó su hermano ( el padre Isidoro), logrando, como de– seaba, que fuese aprobado el título de Pastora con que veneramos a la Madre del Cordero de Dios, a quien desde el principio nombró nuestra provincia especial Patrona de nuestras misiones; para esto el padre formó las preces que se presentaron en Roma (y) compuso igualmente un· oficio propio de este título» (Zi). El asunto debió por entonces quedar dormido, porque preoc'upado el apóstol en el 1782 con las misiones de Toledo, Ocaña y Aranjuez, donde h-abía de dar una de sus más formidables batallas contra. la irreligión y el libertinaje, todo el tiempo y todas sus energías eran poc·as para las· tareas apostólicas. Efectivamente estas tres misiones parecen ser u1J llamamiento de la Divina Pastora a la España disoluta y corrompida del último tercio del si– glo XVIII, que se había arrqjado en las fauces del lobo enciclqpedista, que · la devoraba y le carcomía sus propias éntrañas. Un delirio contágioso ha– bía invadido a las altas clases sociales para sacudir las sanas tradiciones hispánicas y copiar con estulto mimetismo las modas impías de París que L Carta 2 de ener.o de ,1782. - 2. Véase p. 240. - 3. Verdadero retrato... p. 129.
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