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CAPITULO XXVI Fiesta litúrgica de la Divina Pastora - Primera tentativa - El iniciador de la fiesta - Las misiones de Toledo, Ocaña y Aran• juez - Corrupción de costumbres en la alta sociedad española - Grandes frutos de las tres misiones - Admiración y entusiasmo por el apóstol - Misión a los príncipes - Amistad con ellos y con el confesor del rey - Marianismo de la predicación de fray Diego relacionado con la Divina Pastora. Un título tan profundo y significativo en la ciencia teológica, que mís– ticamente entraña la maternidad total de la Virgen, puesta en acción, y que, luego de anunciado al pueblo fiel, fué recibido con piedad y fervor por to– das Jas clases sociales, arraigando en la Iglesia, difundido velozmente por las cinco partes del mundo y avalado así con el signáculo de sus conti– nuos milagros como por los frutos de santidad que producía, ostentaba a toda luz el sello divino y merecía el alto honor de ser elevado a fiesta li– túrgica. Sin embargo, en rtuestra larga y penosa búsqueda de noticias no he– mos tropezado desde su aparición en 1703 con el más insignificante atisbo de luz que iniciara este movimiento. El venerable padre Isidoro hace varias veces hincapié, afirmando que la advocación de Pas¡'ora fué aprob.ada por los obispos al refrendar su Hermandad, y hasta en cierto modo por el Ro– mano Pontífice, cuando expidió las dos bulas de privilegio para el altar y Cofradía de la primitiva imagen de Sevilla; pero nada más. Sólo en una carta de fray Diego, a principio de 1781, a su director el padre González, se halla el primer indicio de establecer una fiesta litúrgi– ca en honor de la Divina Pastora. En dicha carta le dice: «Finalmente, en esta misión de Andújar acabé de perfeccionar y sacar en limpio un oficio entero de la Divina Pastora, y lo envié a mi padre provincial, para que en ei próximo capítulo general se pidiese su aprobación y uso a la Sagrada
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