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F~. bIEGO, PRBbiCAb611 béL PAStól?ADÓ DE LA VÍRGEN 243: y por consiguiente perjudicarnos, según aquello de la Santísima Señora: Qui autem in me peccaverit, laedet animam suam. Esto es lo. que exige de nosotros para patrocinarnos. La oración que se hace, para ·que no pe– rezcamos por las culpas, ha de ser huir de la iniquidad. 2. Mas nosotros que debemos obligarla, algo más es bien que haga– mos para conseguir su intercesión. Viéndose afligidos los filisteos del Arca Santa, preguntaron a sus adi– vinos: ¿Quid faciemus de Arca Doinini? Y le respondieron: Si remittitis Arcam Dei Israel, nolite dimitiere eam vacuam. Dispusieron hacer un ca– rro nuevo, adornado con varias alhajas de oro, que indiéasen el milagro– so castigo que habían padecido, del que esperaban quedar libres con aquel obsequio: que tan antig·uo es el poner en público los signos del beneficio recibido de Dios por medio de sus santos. Aun para recibir de los hom– bres algún beneficio parece este medio el más oportuno. SaUI lo hace así cuando va a pedir a Samuel le diga donde hallará las jumentillas; Abigail ejecuta lo propio en la ocasión de solicitar de David que suspenda el cas– tig·o de Nabal, y así lo practicó Jacob con su hermano Esaú, para que lo admiti'ese ·en su amistad. ¿No reparáis que el patriarca Isaac no da la ben– dición a su hijo hasta que recibe los obsequios ·que le evidenciaban su amor? En el Eclesiástico se dice que cuando lleguemos a pedir a Dios al– go en la oración, no nos presentemos con las manos vacías. Prueba de nuestra devoción será todo lo que hiciéremos en culto de la Santísima Virgen. Cada uno, según su posibilidad, ha de contribuir a que el culto no descaezca. Cuando la ofrenda del justo enriquece los altares son agrada– bles al Señor sus oblaciones: Oblatio justi impinguat alfare... No porque sea Dios interesado ni necesite de nuestros bienes ... Bonorum meorum 11011 indiges. Tampoco, nuestra Señora. Sí, porque nuestra :fe debe mani– festarse en las acciones, y es la liberalidad con Dios un medio que testifi – ca nuestra relig·iosidad y nuestro reconocimiento a su supremo dominio, providencia y bondad. · Sus alabanzas son, en los que no pueden otra cosa, digna expresión de religioso obsequio, y a él ofrece el más ventajoso pre111io. Qui eluci– dan/ me etc. La necesidad de esto se ve en aquello: Omnes qui me ode– runt, diligunt mortem. Y dice san Buenaventura que no sólo la agravian los que con culpa positiva la ofenden, sí también los que no la alaban y obsequian . . Si queremos, pues, acreditar nuestro amor a la Divina Pastora de nuestras almas, imitemos a los que condujeron el Arca, que .hicieron peda– zos el carro, mataron las dos vacas , que tiraban de él, y las ofrecieron en holocausto. Démonos enteramente al culto de la Virgen; no más servir al mundo ni a nueslras pasiones; mulpliquemos sus obsequios como los betsamitas, y no dudemos nos sucederá lo que a los hebreos, que desde el día que ya, mejorados de costumbres lograron estuviese el Arca en Ca– riathiarin, multiplicati sunf dies . .. y las felicidades. 3..· En vista de esto os persuadiré ya con las palabras de nuestro pa– trón san Pablo: Adeamus cum fiducia ad tronum gratiae ut misericordiam consequamur... Sí, porque nos dice: Beatus hamo qui vigila! ad fores meas... , pues, qui me invenerit, inveniet vitam... Nada excusemos de cuanto conduce a manifestar y conservar esta devoción, pues dice un san– to padre:- Magna misericordia Dei es/ infundere alicui dilectionem ad Mil-
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