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242 LA DIVINA l)ASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. temer. Mas no caigamos de ánimo, que María, nuestra Pastora, todo pue– de remediarlo. ¡Bello ejemplar figurativo de esta verdad, el suceso del de– lincuente Abiatar, quien mereciendo la muerte, se vió libre de esta pena por haber llevado el Arca Santa. Respecto de los que están en el purgato– rio, les aplican algunos escritores aquellas palabras del Eclesiástico: Pe– ne/rabo omnes inferiores parles /errae... ¿Qué mucho si aun para los condenados parece que se extiende su poder y su misericordia? Aquel profundum abyssi penetravi, parece que lo da a entender. De aquí el _decir algunos que el cifra condignum que expe– rimentan en su padecer los condenados, lo tienen por medio de nuestra Señora. Lo que no es increible, estando al común sentir de los santos pa– dres con san Germán: que ninguno se libra de padecer los males ni recibe de Dios beneficio alguno , si no es por su medio. En todo esto es poderosa la Reina de los cielos para favorecern os, y para estos fines se coloca esa su peregrina imagen · en este templo. Per– suadámonos que desde aquí nos dice: Transite ad me... Se nos propone así tan amable; uf ditem deligentes me... y pues , qui edunt me adhuc esurient... procuremos no privarnos de tanto bien, resolviendo bus·car en la Virgen el remedio de nuestros males, como los hebreos en el Arca. Pero es bien entendamos el debido modo de hacerlo en la siguiente MORALIDAD. 1. _La Santísima Virgen hace a todos su convite pa– ra que sentados en la mesa de su devoción gusten los efectos de su inter– cesión pode osísima. En lo que pide o exige de nosotros y en lo que de– bemos hacer en su obsequio, hallaremos un oportuno documento de no pequeña utilidad. · · Así como el temor. de Dios es el medio para alcanzar la sabiduría a nuestra justificación, porque nos hace aborrecer el pecado y amar la vir– tud; así para conseguir la protección de la Madre de misericordia , es ne– cesario que, dando de Iilano a nuestra mala vida, tratemos de arreglarla por el temor de las leyes del Señor. Relinquite infantiam, nos dice, id es/, inutilia et vana. Ambu!ilte de virtule in virtulem, per vias prudentiae, ope– ra bona. Sobre aquellas p~labras: Eleazarum vero sanctificaverunt uf cus– todiret Arcam, dice Mendoza: ¿ Quid ergo mirum si debeant sanctificari illi omnes, qui Beatam Virgenem peculia1i aliquo obsequio prosequuntur? (Los del) pueblo escogido, hallándose en campaña y perdido una batalla , recurrieron a Dios por medio del Arca, que hicieron traer al ejército, y no obstante fueron derrotados de sus enemigos, hasta que Israel enmendó sus pecados. No serán tal vez oídos nuestros clamores, si conociéndonos castigados por nuestras culpas, buscamos sin enmendarlas el auxilio de la Soberana Reina . Sí, que el capitán Joab fué muerto al lado del altar don– d·e se refugió hu yendo de las justas iras de Salomón. Este altar de propi– ciación, figura era de nuestra Señora, dice san · Alberto. Sí , suelen serle desagradables aun aquellos actos , al parecer religiosos, que en obsequio suyo se hacen , habiendo en la conciencia algún defecto, como lo conven– cen los desastres que experimentaron los· accoronitas y betsamitas con el Arca; ¿cóino le serán aceptables nuestras oraciones ni cómo conseguire– mos lo que le pidamos , no qu eriendo dejar la mala vida? No, no lo conse– guiremos, porque es infalible sentencia: Qui declina! aures suas ne audiat /ef?em, orc1tio ejus erit execrabi!is . Esto sería hacerle un grande agravio ,

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