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240 LA DIVINA _PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. eam. Es apellidada Arbol de la vida. Traed a vuestra memoria todo lo que con la maldición, que mereció Eva, ha venido sobre nosotros, y otro tanto hallaréis remed iado por nuestra Señora , Quidquid maledictionis infusum · es/ per Evam, tolum abstu!it benedictio Mariae. 2. Del pecado personal, dice el Espíritu Santo: Vae duplici carde... Este es el que pone aquella horrible división entre Dios y el que le comete y aun impide que atienda sus clamores, con nuestra imposibilidad de res– tituirnos por nosotros mismos al estado de gracia. Pero sin duda lo con– seguiremos por medio de nuestra Señora mucho mejor que la Cananea para su hija . Parece aquí oportuno lo que se refiere cuando fué llevada el Arca a casa de Abinadab: santificaron primero los israelitas a su hijo Eleázaro, para que la custodiase y cuidase de su veneración. Aplíquese, que, sin duda, esa figurada Arca es hoy colocada en esta casa para la san– tificación de este pueblo. San Germán dice: Te adjutrice, omnes gentes veniunf ad poenifenfiam. Y san lldefons@, en las lecciones destinadas para el oficio de la Divina Pastor.a, añade que todos los pecadores se re– ducen: ex superbis fiunf humiles, ex Juxuriosis casti. Singular suceso el de san Andrés Corsino, a quien vió su madre en forma de lobo por su re– lajada vida, que al llegar a los umbrales del templo de nuestn1 Señora , quedaba transformado en cordero. 11. Nuestra falta de fe y adhesión a las cosas hace que nos manifes– temos más sensibles a los infortunios de esta vida, que a los males del pecado. Bien es verdad que ellas hicieron lamentarse al pacientísimo Job, al anciano Tobías, a san Pablo, que toda su complacencia había puesto en padecer. Estas se expresaban bien en aquel libro que vió Ecequiel todo escrito de ayes y lamentos. Estas mlserias, unas caen en las personas, otras sobre sus bienes, y de todas hallaremos en nuestra Pastora el opor– tuno remedio, si llegamos a invocarla. 1. · ¿Quién, entre los rniserables hijos de Eva, puede imaginarse exclui– do de la misericordia de nuestra amabilísima Pastora? Ninguno. Si/ea/ mi– sericordiam /uam, o Virgo, dice san Bernardo, el que invocándoos haya de- . jado de experimentarla. Sí, porque al modo que la sabiduría, Deus effudit i!Jani super omnem carnem, y es tal que, non es! qui se abscondat a ca– /ore ejus. El Arca fué el consuelo de los hebreos cuando en la campaña se vieron maltratados de los filisteos. Expresaba la protección de nuestra Señora sobre los afligidos, dice Alberto Magno. Puede decir mejor que lsaías: Dominus missif me uf mederer contri/is carde... Ex omni nalio– ne... peccafores pro venia, justi pro gratia, tristes pro gaudio, incarcerafi pro /iberlate, (dijo) san Alberto Magno. Oportunísima la piscina de Jeru– :salén que, dice Pedro ble:sen:se, :significa a la Virgen. Llamáse probática, porque en ella se lavaban los ganados y corderos que habían de sacrifi– carse en el templo ... 2. ¿Y cuál será aquella tribulación y miseria en que deje de socorrer– nos esa mística Arca, o nuestra amabilísima Pastora? Ninguna por cierto. Acordaos de los cuarenta años, que caminó el pueblo escogido por el desierto asociado:,; y protegidos del Arca, tan favorecidos por ell a del Se– ñor que ni aún los vestidos se le rompieron, y depondréis toda duda en este particular. La Señora es figurada en aquella vara con que Moisés re-
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