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PR. DIEGO, PREDICADO!? DEL PASTOIIADO DE LA VIRGEN 239 Non confunde/ar per auditum verbi asperi: /te maledicli. Luego por el contrario. 2. Al oir sus silbos es consiguiente el seguirla: . Oves meae vocem meam audiuntet sequuntur me. Es la que ocupa los caminos de los esco– gidos para dirigirlos; es figurada en aquella columna de nube que guiaba a los hijos de Israel, como ovejas por el desierto , hasta introducirlos en su felicidad; y es la que para enriquecer a los suyos anda por las sendas de la justicia. Mas este seguirla quiere decir imitarla en sus virtudes. Porque, si la Virgen no sería bienaventurada, si la santidad le faltase, ¿cómo lo sere– mos nosotros sin imitarla? Qui operan/ar in me non peccabunt. Grande es nuestra dicha en tenerla por Pastora o ser ovejuelas de su rebaño; pero no conseguiremos la eterna, si no procuranJOS serle en las virtudes semejantes. Que la Señora no es tan digna de alabanza por haber sido Madre de Dios, como por haberle sido semejante en la gracia, virtud yyerfección. ¿Cómo, pues, le seguimos e imitamos? ¿En qué se .parecen a las suyas nuestras obras? ¿En qué a su humildad nuestn¡ soberbia; a su pureza nuestra sensualidad, nuestra codicia a su pobreza? ¡Ah , tema- ) . . mos se frustren en nosotros sus oficios de Pastora por no corresponder los que, como gTey suya, le somos oblig·adost Mucho tenemos que temer; pero siendo remedio universal de nuestros males, no dejemos de procurar su protección en medio de ellos, pues . por eso está colocada hoy en este templo. SEGUNDA PARTE. Mientras vivimos en este valle de lágrimas, ge– mimos gravados del peso insoportable de sus males. Estos son tantos, que apenas pueden reducirse a número. Los comprendió todos el angel que vió san Juan clamar en el cielo: Vae, vae, vae habitantibus in terra. ¡Ay, ay, ay, de los que viven en la tierra! Estos tres ayes, dice san Bue– naventura; que son: el uy de la culpa, el ay de la miseria y el ay de la pe– na, añadiendo que de todos nos libra con su protección la Virgen. No lo dudéis, ni tampoco que por estos fines la figurada Arca, María, es coloca– da como Pastora en este templo , conforme a lo que vió san Juan: Et facta' sunt fulgura. Así será, si de corazón la invocamos, pues tiene amplísimo poder para consolar al afligido en su tribulación. l. Es (>l pecado el mayor de todos los males, porque nos hace hijos de ira, esclavos de Lucifer, y reos de eterna muerte. Tales son los deplo– rables efectos que tantq la culpa original, como la personal, causa en los queíi ncurrimos en ella, de cuyo mal lograremos ser libres por nuestra Pastora , si de corazón la invocáramos. 1. La culpa original es la que con sus males heredamos de Adán; y si éste nos cerró la puerta de la bienaventuranz:'l, María. es la que, como Puerta del cielo, nos ha franqueado en él la entrada. A la manern que el Arca, entrando en el Jordán, dividió sus aguas para que entrase el pueblo escogido en la tierra prometida, así nuestra Señora. Los demás males de esta culpa los veremos ig·ualmente por su medio remediados, como parece habría sucedido a nuestros primeros padres, si después de la suya, se hubiesen valido del árbol de la vida, pues a la Virg·en le aplican algunos santos aquello de la Sabiduría: Lignum vitae es! his qui aprehenderint

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