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FI?. DIEGO, Pl?EDICADÓll DEL PASTOllADÓ DE LA VIIIGEN 267 que somnus ab oculis meis. Y en efecto, ¿quién nos ha proporcionado los buenos efectos de esta misión en que se multipliquen· los justos entre vosotros, sino nuestra dulcísima Pastora? ¡Bella alegoría la industria de Jacob en poner las varas, unas descortezadas y otras con corteza, para que viéndolas las ovejas naciesen con varios colores sus corderos; para que su gTey se aumentase. Estas son las doctrinas y los distintos medios de que para nuestra conversión se ha valido en este tiempo. !l. Las tablas de la Ley que en el Arca se guardaban son el camino que nos conduce a la felicidad por donde anda el justo y . debieran andar los pecadores. Vías tuas, Domine, demonstra mihi. Ved aquí otro cargo del pastor: guiar a su rebaño y buscar la ovejuela qLie se ha perdido. Es nuestra Pastora g·uía de los justos y reductora de los pecadores. 1. El buen pastor dice el evangelio que ante eas vadit et oves illum seqlllmfur. Y nuestra Señora dice así: In viis justitiae ambulo... . uf di/em diligentes me. San Ambrosio (añade): Tális fui! Maria, (uf) omnium sil disciplina. (Y) san Bernardo: lpsa protegen/e, 11011 metuis, ipsa duce, non fatigaris ... Es 11rny especial su cuidado con los justos. 2. No cumpliría bien su oficio el pastor, si, encaminando su rebaño, olvidase los que de él se hubiesen extraviado. David decía: Erravi sicut avis; r san Pablo con los pecadores convertidos les dice: Eratis enim sicut oves errantes, sed conversi estis nunc ad Pastorem animarum ves– trarum. Este parece es el cargo principal de nuestra Pastora , pues cuando a san Pedro se le dice: Pasee agnos meas, pasee oves meas; a nuestra Señora se le dice: Pasee haedos luos, que ·son los pecadores. Haedos autem a sinistris. Saul, afanado en buscar las jumentas de su padre, no nos expresa suficientemente el cuidado de nuestra Pastora; el pastor que deja las noventa y nueve por buscar la única, que se le ha perdido, dice mucho; pero nos lo declara altamente la ocupación de Ruth en recoger las espigas, que dejaban por perdidas los segadores. Aquellas almas que se miran abandonadas y como ya sin remedio, las busca y trae nuestra Pas– tora a su rebaño, (según afirma) san Buenaventura. San Bernardo dice: Tu peccatorem, quantumlibet foMidum, non horres, non despicis . .,, nec deseris quousque horrendo judici miserum reconcilies. (Y) san Efrén: Tu peccatorum et auxilio destitutorum unica advocata es a/que adjutrix. lll. E .1 el Arca se conservaba una porción del maná con que sustentó Dios a su pueblo por el desierto, y éste nos declara el cuidado del buen pastor en procurar pasto a su rebaño, cuidando separarlo del malo, corno lo hizo el Señor con su pueblo a quien, como rebaño de ovejas, condujo por el desierto, prohibiéndoles las carnes perniciosas de Egipto y envián– dole el pan del cielo. Así nuestra Pastora ha procurado separar a los su– yos de los malos pastos de sus vicios y les ha proporcionado los de la virtud y la gracia. 1. Son los pecadores de quienes se dice: Facfi sunf v.eluf ariefes non invenientes pascua. Son figurados en Nabucodonoso1;, a quien en castigo de sus culpas se le da el vivir y sustentarse como bestia. Y · son aquéllos necios, de quien dice el Señor que, dejada el agua clara, beben el agua turbia de sus depravadas costumbres. Pero -es María Santísima, la que como Pastora los separa de tan dañosos pastos. Preciosa alegoría la
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