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SEüUNDA MISIÓN DE ECJjA La consternación de Ecija fué indescriptible, pues hubo lágrimas, des– mayos y hasta los mismos niños lo seguían diciéndole:-Padre Diego. que no nos castigue Dios, no se vaya usted.- A su propia celda llegaban las personas más dignas, requiriéndole a continuar• la misión, y hasta el ayuntamiento en corporación y el mismo obispo au;ciliar de Sevilla, que se hallaba en Ecija, subieron a su aposen– to demand(lpdole la misma gracia, sin más resultado que una negativa cerrada, pues a todos contestaba humildemente:-Que Dios así lo quería y en ello hacía su voluntad santísima.- Idearon, entonces, los carmelitas calzados un poderoso ardid, la única palanca qué podía mover al apóstol, y fué el llevarle a la puerta de nuestro convento a Ja Santísima Virg·en del Carmen, llamarlo y ante Ella pedirle que continuara la misión. Lo ideado fué un hecho: al día sig·uiente, icl pue– blo, la comunidad de carmelitas , la ciudad en diputación con sus dos jue– ces, corregJclores y :akalde mayor, acompañaron a la Reina del Carmel o en procesión a capuchinos. Cuando fray Diego, con toda su humildad y amor a la Virgen María, se halló an·re la sagrada imagen, bañado en lágrimas, dobló sus rodillas y como un cuarto de hora perrrianeció mudo y extático, hasta que al fin pudo exclamar como santa lsabel:-¿De dónde esto a mí, que venga la Madre de mi Señor a visitarme?:__Predicó seg·uidamente sobre las excelencias del santo escapulario, si'gi.Jió la misión, Y·de sus grande:;, efectos dice: «En ella se ha dignado su Majestad de concedernos un fruto colmadí– simo, el que se ha hecho más visible desde el día ocho en que fué la reti– rada, que avisé a usted en mi anterior; sus efectos no caben en tina carta: basta decirle que fué necesario llevar el santo Oleo para dos o ires hom– bres, que se accidentaron de la impresión que esto les hizo, más ninguno murió; dijeron habían malparido dos embarazadas, pero se averiguó por el médico la causa y se halló haber sido otra distinta. Desde entonces se advierte una reforma general y tal conmoción, que no bastan los confeso– res de Ecija para despachar a los que piden confesión ... Aquí también el ayuntamiento me ha hecho regidor ·de preeminencia, dándome la posesión en una procesión general» (1). ¡Felices tiempos aquellos en que los rectores de la ciudad, viéndose fustigados y corregidos tan fuertemente por el enviado de Dios·, que los abandonaba, en vez de huir y esquivar su presencia, lo buscan, le supli– can, le piden por mediación de la Vir,gen que no los deje , que prosiga 0 sÚ evangelización, y llegan al colmo de nombrarlo correg·idor de la ciudad y consejero de sus conciencias! · Cuando Sevilla nombró a fray Diego, caballero 24 de lá ciudad, man– dó imprimir un folleto con los testimonios procesales y la bellísima y pia– dosa oración gratulatoria , que pronunció el humilde capuchino en el acto solemne de la toma.•·cte posesión; en cambio sobre la de Ecija, fuera de ·lo dicho, nada se sabía hasta ahora que hemos hallado un acta notarial iné– dita, cuyo contenido es muy curioso y da gran luz al asunto que nos ocu– pa. El acta dice: «Por ·los porteros de maza se dió noticia al ayuntamiento hallarse a las puertas de la sala capitular el reverendo padre guardián de capuchinos l. Carta al P. Alcover, 14 de mayo de 1786.

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