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CAPITULO XXIII El cantor de la Divina Pastora - Saetas y baladas entre el Buen Pastor y el alma - Silbos de la Divina Pastora en el « Convite Amo– roso» - Afectos a la Divina Pastora de un alma fiel - Novena - Coplas para los días de la misión - Gozos atribuidos a fray Diego - lnvitatorio. · En balde intentaríamos formar una antología con las compos1c1ones p9éticas escritas por fra y Diego en honor de su celestial Pastora, porque los mejores frutos de su juventud todos fueron reducidos a cenizas en la crisis de su total conversión , para que el Parnaso y las musas no fuesen óbice a los designios de Dios, que lo destinaba para fines más altos y sa– g-rados (1). Ni mucho menos abrigamos la intención de darles , a la s que hemos reunido , un valor clásico de que carecen, porque todo en el siglo XVlll , ciencias , artes, literatura ... , tiene el sello de la mediocridad , y mucho más la poesía, que, a la decadencia y anquilosis general , unió el prosaísmo y la vulgaridad en los conceptos. Con esto no queremos decir que las alas de la inspiración no acaricia– sen el alma de fray Diego, que fué poeta por su psicología y sensi bilidad ; sino advertir, que quien colgó la lira para consagrarse a mi sión más alta y l. • La inclinación que sentía a la poesía castellana le llamaba tanto.. . QUE todo lo aplicaba a aquella ocupación casi excesiva . por más que en ella aprovechase, como... después se conoció... Era puro y religioso en sus versos, pero no para alabado en haberse de– dicado tanto a ello. Además por los procesos se sabe que todas esas poesías eran siempre •sagradas• •en alabanza de Dios y de los santos•, •en honor y gloria de Dios y de su Santí– ma Madre • ... Nos consta lo que él se castigó a sí mismo por este pasatiempo, luego que la gracia de Dios le movió a vida más perfecta ... Nos consta que lloró amargamente, que h izo expiación de ell o con severísi mas penitencias y que trabajó cuanto pudo por recoger y quemar cuantas composiciones había hecho y repartido. No pudo conseguirlo con todas, pero daba gusto, decía uno de sus cond iscípulos, ver el gozo y eficacia con que las entrega al fuego •. P. Llevaneras, VIDA DOCUMENTADA, p. 12. •

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