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204 LA DIVINA PASTOl?A Y EL BTO. DIEGO J. DE C. En su primera predicación de Cádiz ciertamente se valdría el novel sacerdote del estandarte de la Inmaculada, que había en el convento para el uso común de los misioneros. Pero después, cuando sus correrías apostólicas se multiplicaron y su estancia entre los capuchinos era cada día más rara, y sobre todo , habiendo tomado a la Divina Pastora por Pa– trona especial de sus misiones, le fué preciso tener para su uso parlicular el guión de sus batallas apostólicas. No sabemos, a punto fijo, el número de estandartes, que con este fin usara y recibiera sucesivamente fray Diego; pero podernos aducir feslimo– nios para contar cinco con toda certeza. Cronológicamente fué el primero el que usó en Ubrique, del que ya he111os tratado. El segundo fué un regalo de la religiosa sor Catalina del Corazón de Jesús, carmelita en el convento de santa Ana de Sevilla, llamada en el mundo _doña Catalina Auñón y Galeote, alma muy sensible, convertida por el siervo de Dios en. Ecija, que se puso bajo su dirección espiritual en el mundo y la siguió después en el claustro. Existe una serie de cartas del beato, interesantíshírns parn esta J'eligiosa. y en una de ellas registra– mos la don·ación del estandarte. · «Las Madres de la Aurora-dice-me entregaron la imagen de la Divi– na Pastora que usted me envía: yo le doy repetidas gracias por su favor y le repito lo que .en Sevilla, que la Señora es de usted siempre, no sólo c;uando yo no la use por más no poder, sí también en la mis– ma .actualidad de usarla, de suerte que siempre que usted la quiera, la tie– ne pronta.: yo sólo tengo en ella el cuidado de que no se pierda ni malogre. Hasta el ·fruto, que en las almas cause la Santísima Señora , es de usted el mérito, porque ·para este fin la hct mandado pintar y quiere que sirva en mis misiond.-EI se·ñor quiera que sean muchas las almas que con su vista y devoción se conviertan. La mía ·encargo a usted con particularidad, pues está necesitadísima de remedio, y, si Dios no hace el milagro de mudar este corazón y convertirlo a Sí, no sé qué será de mí • (1). Poco tiempo le debió durar el estandarte, porque seis años después escribió al p.adre Eusebio lo que sigue: «También quisiera me dijese vuestra caridad si la Divina Pastora se quedó en Baena, o si piensan en dar" la su– ya por misas, en cuyo caso ·me alegraría infinito se acordasen de ·mí, pues tomaría ésa mejor que la del compadre Melgarejo » (2). Este señor, llamado don Diego, era de la familia de los duques de san Fernando, vecino de Sevilla, devotísimo de fray Diego, quien le llamaba su compadre, porque le bautizó un hijo. Como el mejor obsequio regaló al beato un estandarte de la Divina Pastora, que ciertamente aceptó, según se verá é.lhora, y es el tercero. En cambio no h~mos podido averiguar si logró el qLie más deseaba, según manifestó anteriormente. Consta también el testimonio de otro cuarto estandarte, que perteneció al santo, por carta al mismo padre Eusebio, que dice: «El excelentísimo se– ñor marqués ·de Valdecarsana me ha enviado con nuestra doña Alonsa una pint~~a fina de la Divina Pastora para las misiones. Es buena, pero impro– pia, porque tiene Niño. Ya le he escrito las gracias , y no sé si quedarme 1. Carta a Sor Catalina del Corazón de Jesús , 25 de junio de 1777. - 2. Carta al P. Euse: bio de 26 de septiembre de 1783.

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