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200 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C • .Y no se crea que, durante el tiempo de ella , carecía el estandarte de sentido y de aplicación práctica; porque , además de. usarlo en los Rosa" r.ios de la Aurora y de predicarle ca s i s iempre un dia hablando de las mi– sericordias de la Virgen, aunque eíl cada sermón 110; dejaba de invocarla, era también el mágico instrumento de que se valía, en ciertas ocasiones , para conseguir algún prodigio o efect ,s sorprendentes e insospechados para su auditorio. Sírvanos de modelo el milagro de la misión de Córdoba, en 1778, el cual vamos a traducir del proceso de beatificación: «Hallándose predicando el siervJ de Dios en la plaza mayor de la ciu– dad de Córdobc1, llamada de la Corr-edera, en una tarde en que el concurso calcufad@ era de más de dos mil personas, se oscureció el horizonte ame– nazando un diluvio de agua, que comenzó a caer. El padre mandó a todos de que se cubrieran para no mojarse. pues el agua crecía progresivamente; pero, al observar que el auditorio, despreciando la lluvia, che andaba sempre crecendo, ni se cubría ni se movió de su sitio, de in11Jroviso se advirtió un extraño cambio en el siervo de Dios, el cual levantó desde el púlpito sus ojos al cielo , hizo una breve digresión y súbitamente clamó así: ¿Es posible, Señor, que cuanao estas pobres almas vienen a oír vuestra palabra divina y cuando nosotros se la anunciamos en vues tro santo nombre, habéis de permitir que sea así impedido y suspendas este piadoso ejercicio? Y alzando seguidamente la voz , con valeroso esfuerzo, clamó otra vez y dijo: ¡Ea, en el nombre de la Beatísima Trinidad, de mi dulcísima Madre la Divina Pastora, del glorioso arcángel san Rafael, protector de esta buena ciudad y por los méritos de mi venerable padre Posadas, a quien he recomendado esta misión, que cese pronto es/a llu– via. Hizo al mismo tiempo la señal de la cruz hacia las nubes, y (caso ra– ro) se observó generalmente por tod'.)s que, sin dejar de soplar el viento con la misma fuerza y sin que se esfumaran las nubes y permaneciendo el horizonte en la misma disposición, se cortó la lluvia sin caer ni una gota más durante hora y media que duró el sermón; y terminado éste y pasado el tiempo preciso para que cada uno volviera a su casa, comenzó a llover con tal abundancia y furia, que las calles parecían árroyos , continuando así muchas horas» (1). Por motivos diametralmente opuestos a los de Córdoba y con gran pasmo de sus oyentes, fué el uso que hizo del estandarte de la Pastora el el año 1779. en la segunda misión de Málaga. Celebrábase en la catedral; pero el gent'ío era tan grande, que fué necesario continuarla al aire libre en la plaza mayor. Es Iomás seguro que fray Diego se presentara solem– nemente y a modo de procesión ante el inmenso concurso; pero lo cierto es que allí, en el púlpito, estaba el es;andarte de la Divina Pastora, presi– diendo el acto junto al padre Cádiz. Esta es una de· Jas misiones más fuer– tes y aterradoras que predicó el sanie, y Málaga ha pagado con pestes, lá– grimas y fuego su infidelidad y dureza de corazón. He aquí el relato que hace de ella a su director el padre Fn:ncisco Javier González: «El fruto de la misión ha sido colmadísimo, especialmente en gente humilde y pobre: en la gente alta no veo tanto movimiento. Fué necesario l . Sum., pp. 34 y s. - Probablemente cuando obró este milagro sostenía en su mano izquierda el estandarte, como acostumbraba hacerlo en momentos solemnes.

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