BCCCAP00000000000000000000461
.USO QUE DEL ESTANDARTE HACÍA FR, DIEGO 199 raro y nunca visto, una eficacia extraordinaria, y un ardor y vehemencia dulce, humilde y cariñosa, que no sé manifestar. Yo creo que a todos es de pasmo y a mí de confusión. Los actos de contrición son abundantísimos. fáciles y d.evotos. En ellos y en la predicación está mi interior, según aquella expresión del evangelio: (Padre mío , si esto fuere soberbia o teme– ridad, castíguemela usted; oreo que es sólo dar una idea del cómo está mi interior aquel rato). Eral docens quasi potestatem . habens. Acuérdome, acaba usted de enseñarme, debo persuadirme soy allí Dios, no yo , y me parece es lo que usted me manda, aunque yo no lo entiendo , (1). El segundo caso ocurrió en la misión de Sanlúcar de Barra meda, y es el padre Alcover quien nos ha trasmitido el precioso dato, similar al an– terior y ampliado con la presencia del Santo Cristo. El segundo director de fray Diego , al escribir la vida de éste, se propuso hacerlo, en general , como si hablase el dirig·ido , y así dice: «El día 30 de octubre (de 1784), !:e– gué a Sanlúcar (de Bc1rrameda), donde se hallaba {'I excelentísimo señor arzobispo , y la tarde del uno de noviembre se publicó la santa misión por las calles en cuya procesión llevó el santo crucifijo el señor arzobispo, y el señot general y gobernador el estandarte de la Divina Pastora. y en los exhortos de ella fué la ardentía de mi espíritu, tanto que me parece no la he tenido igual en mí> (2). Sírvannos estos ·dos cas os como modelo y patrón de lo que hacía siempre el apóstol al comenzar sus numerosísimas misiones por las gran– des ciudades, los pueblos y aldeas. Espectáculo subl~me aquel en que las muchedumbres salían a las afueras de las ciudades (3), para recibir al en– viado de Dios, al nuevo san Pablo y apóstol de España en el siglo XVIII. El encuentro era edificantísimo, emocionante y difícil de olvidar. Transitando a pie por los caminos, aparecía la venerable figura de fray Diego, con su luenga barba, enjuto y encorvado por las penitencias, y sus ojos puestos enel suelo, que (an rara majestad y atractivo prestaban a su semblante. Postrado de rodillas el gran misionero besaba la man:O de la primera auto– ridad, le entregaba el estandarte de la Divina Pastora, y puesto al frente de aquella férvida manifestación se dirigía al templo cantando jubilosamente: Virg~n María de gracia llena. Ruega, Pastora, por tus ovejas. Yendo hacia el cielo perdí la senda; Pastora mía, vuélveme a ella. Pues de tu Padre, yo soy la oveja; Raquel hermosa , que no me pierda. · Pastora amada, -ven a mi hl'.ierta, limpia de espinas, libre de fieras (4). Entretanto , desgranando carismás y bendiciones, sobre aquel mar de cabezas extática, alzábas·e y flotaba una bandera, un guión ... , era la Divina Pastora del padre Cádiz, que debía presidir en la iglesia, en las calles y plazas todos los _actos de la misión. ' l. Carta al P. Francisco J. González, 21 de enero de 1780. - 2. Alcover, o. c., p. í46. - 3. Carta aJ P. Francisco J.González, 30 de mayo de 1780. - 4. Aún no había compuesto la otra letrilla: A MISIÓN os LLAMA,
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz