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184 L A DIVINA PASTORA Y EL BTO. L>IEGO J. DE C . juntado el mérito de muchas buenas obras y de haber gastado la vida en mortificación y penitencia , viviendo como buen cristiano, sólo tiene contra sí el proceso de culpas y p~cados con que ha ofendido a Dios, y de una vida tibia y relajada, con que ha burlado , abusado y' tal vez perdido sus misericordias. Allí son las amarguras; allí los sentimientos; allí las lágri– mas; allí las fatigas de los e,tímulos de la conciencia; allí el revolcarse en la cama , vecino a una desesperación , más por los gritos que da la con– ciencia, que por lo fuerte de la enfermedad; allí, en fin, el ansia de tener un rato de tiempo del mucho que se ha perdido, para poder deshacer lo hecho; pero, todo en balde; porque en la verdad, de nada sirve afligirse de este modo, si no se lloran las culpas; y mal podrá llorarlas de veras, sin un especial milagro , quien deja de cometerlas , porque la muerte se lo es– torba , y no porque él, mirando a Dios, quiere enmendarse. «Por el contrario, ¿qué consuelo no recibe el que, habiendo vivido bien, se mira en la hora de su muerte? Así como para el malo y que tiene su amor en las cosas de esta vida, no hay noticia más amarga que decirle se muere, así para el justo no hay gusto semejante al que recibe cuando se le avisa de su vecina muerte. Allí son los consuelos ; allí los gustos ; allí el llenársele el corazón de tantas alegrías, cuantas él mismo aún no sabe ex– plicarse. ¡Qué bendiciones da entonces a sus trabajos, penitencias y mor– tificaciones! ¡Qué satisfecho se haya entonces de su v:da pasada! ¡Cuánto se alegra de haber vivido como buen cristiano y de haber vencido los res– .petos al mundo, renunciando el concurrir a sus vanos gustos y diversio– nes y, en fin , con qué consuelo muere, conociendo que su muerte es prin– éipio de su eterna felicidad! «Estos son los fines encontrados de los que siguen el camino de la virtud o del vicio . Todos , amados y venerables hermanos míos , hemos de vernos en este terrible paso de la muerte. Todos desearemos entonces ha– ber sido unos santos , Todos sentiremos allí los estímulos de la conciencia; pero los justos será con la satisfacción de la penitencia que hicieron. En medio de aquellas congojas, ¿nos alegraremos de haber ganado el pleito en que se cometieron tantas ofensas de Dios? ¿Nos alegraremos entonces de los bailes, toros, comedias y diversiones a que asistimos? ¿Nos con – solará el haber hecho y logrado nuestro gusto? Ya se ve que ·no. Pues ahora, carísimos hermanos , ahora es el tiempo de remediar lo que enton– ces no tiene ya remedio. Ahora es la ocasión de asegurar para entonces , lo que todos hemos de desear y apetecer, que es una buena vida. Ahora, ahora , es el tiempo oportuno y aceptable; ahora es la ocasión de poder buscar y hallar a nuestro Dios y a su infinita misericordia, porque enton - ·c·es es arriesgada y.muy dudosa. «Para eso seamos devotos de todo corazón de María santísima , nues– tra Madre y Pastora, imitando sus virtudes, guardando con perfección es- . tas Constituciones y viviendo como verdaderos cristianos , conforme a las obligaciones y mandamientos de la ley de Dios , para que así se áñada gra– cia sobre nuestras cabezas. Sea así, amados hermanos en Jesucristo, sea así , que amemos a Dios y a nuestra dulcísima Pastora, y juntamente ame– mos a nuestros prójimos. Sigamos la virtud, huyamos así del vicio y de– mos de mano a los gustos de esta vida , caminando por la senda derecha de nuestra salvación, por la cual nos encamina nuestra dulcísima y aman– _físima Past_ora y nu_estro Maestro Redentor Jesús con su doctrina y ejemplo ,

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