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F'R. DIEGO flUNDA UNA HERMANDAD l:>13 PAS'róRA EN 13STEPONA 173 gloria, bajo la égida bendita del cayado de la Pastora Divina. Esta fué Ia idea salvadora, que Dios inspiró al venerable padre Isidoro, unir lo nece– sario con lo dulce, utüe dulci, que dijo el poeta, amañando las asperezas de la predicación con la dulzura y atractivo de la devoción a la Virgen en esa mística advocación pastoril, riente, misericordiosa, imán para los pe– cadores, que saltaron la valla del redil, al que vuelven como ovejas fas– cinadas y atraídas por sus tiernos y amorosos silbos (1). Esta táética fué la seguida por fray Diego en su primera solemne predicación, y porque la sentíá y vió los frutos producidos, la conservará hasta el fin de sus días. .Mas el caso merece especial atención y estudio, porque si aquella in– sinuante noticia, dada a·su director, de haber erigido una Hermandad de la Divina Pastora, añadiendo algunos capítulos a la Regla de la Primitiva Hermandad, hubies~ permanecido aislada, muy poco o nada sobre lo dicho podría saberse; pero la providencia ha querido que el autógrafo de dichos capítulos, se haya conservado; y su contenido resulta de tanta importancia e irradia tal luz sobre el tema que venimos desarrollando, que nos descu– bre, desde su edad temprana, la gran figura de fray Diego, en esos dos ángulos o perfiles, que fueron el distintivo de toda su vida: El misionero apostólico irreductible contra los errores y vicios de su tiempo, y el amantísimo y celoso apóstol de la Pastora Divina. ' Buena prueba de ello es ese prodigioso documento que indica, no .sólo la madurez moral del joven capuchino, sino también que allá en el retiro y apartamiento de Ubrique vivía de la devoción pastoreña y meditaba y reu– nía los elementos, que mejor podían servirle para su difusión,. porque sólo en posesión y saturado de estas ideas y teniendo a mano la Regla de la . primitiva Hermandad, como algo íntimo y conexo a su misión, pudo escri- · bir esas bellísimas y robustas páginas, que impuso a la Hermandad de Es– tepona para la vitalidad cristiana de los asociados. Tanto es asi, que de otra forma no hubiera podido hacerlo. Recuérde– se lo improvisado de la cuaresma, su poca preparación, los muchos ser– mones de diversos asuntos que hubo de predicar, el atender a las numero– sísimas confesiones, consultas, y al intrincado y borrascoso asunto de los pleitos. unido todo a que era un sacerdote novel, a la preocupación de su incapacidad, y a que se vió de pronto tenido por santo y taumaturgo, y se verá presto que poco tiempo hubo de tener libre y menos tranquilidad y so– siego, para escribir esas normas santísimas y medicinales, si no las llevara en su corazón, si no fuesen parte de su propia vida (2) . Acaso resulten largas, y su lectura un poco pesada; pero es un docu– mento y una prueba tan contundente, que no podemos ni debemos pres– cindir de ellas en el proceso de nuestro estudio. Deben ser leidas con atención, y meditadas, aplicándose cada uno la parte, que le convenga; porque están escritas para el bien de las almas en todos los tiempl s. · 1. P. Isidoro, LA Me¡oR PASTORA AsuNTA, p. 517. - 2. Consta este precioso códice d.e ocho folios: los cuatro primeros y un cuarto del quinto contienen la Regla de la Primitiva Her, mandad de la Pastora con indicaciones del proieso de su aprobación y de su reforma en 1721. La letra es de mano desconocidá. Seguidamente comienzan las AmcIONEs, todas autógrafas de fray Diego, que ocupan los demás folios hasta parte del último vuelo. En el espacio libte de este mismo .folio, con distinta letra, hay una .inscripción grande que dice: PASTORALES, CoNSTITUCIONES Y 0Fic10s DE PASTORA DEL V. P. CÁmz, CAPUCHINO, que responde a uno ·de los legajos del antiguo archivo provincial de los capuchinos de Andalucía. Los oficios de la Pas– tora no han aparecido.

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