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172 LA DIVINA PASTORA Y BL BTO. D1800 J. DB C. ilustrísimo Franquis que, encerrado con los dos en la sacristía y con un crucifijo en su mano, les persuadió la paz, porque no hicieron caso de sus palabras. Llegué yo con estos informes, y, aunque sin prevención alguna de estudio, me entregué todo a disposición de Dios, trabajando lo que po – día para el púlpito. En el sermón de -ceniza dije el Adhuc quadraginta dies etc. de Jonás a Nínive, y , contrayéndolo, aseguré era de temer fliera este el preciso plazo de este último aviso para aquel pueblo. El viernes de enemi– gos prediqué un sermón, nada eficaz en su asunto, pero en el a'cto de con– trición hablé con algún afecto al Señor (este es el principio de hacerlo, co– mo acostumbro), y el fruto fué que allí mismo un caballero, hermano del beneficiado, se tiró a los pies del padre cura y se abrazaron. Salió por el pueblo y ejecutó otro tanto con todos, de forma que desde este día se paci– ficaron aquellas gentes. «Seguí la predicación, confirmándolos en su resolución; mas no lo– graba la transacción de los pleitos. Conseguí hubiese Asperges los do– mingos , que por dichas indisposiciones no lo había; logré se hablasen, mas e_l pleito quieto. Pasó la cuaresma, y el segundo día de Pascua amaneció muy nublado , y a poco siguió una horrorosa tormenta de truenos, lluvias etc.; y vieron algunos que la nube que estaba sobre el-pueblo se dividió en dos partes, y la una descargó en el mar y la otra en los montes contigüos , haciendo no pequeños daños en las viñas y haciendas. Conocióse hubiera sido día amarguísimo para el lugar, si así no lo hubiese Dios favorecido. Con esto cargué a las cabezas de bandos, y resistiéndose el que menos razón llevaba, casi me retiré y desistí de mi intento; retiréme al cuarto, y a poco, estando yo pidiendo a Dios con amargura indecible el remedio de estos males, y aun no me acuerdo si llorando, vino recado que subiese a v.erlo , porque se hallaba bien accidentado. Entré, y el que media hora an– tes se había negado , me tiró los brazos y , hecho una Magdalena, me pide mil perdones y se me entrega para la composición, como efectivamente se hizo, a gusto de todos. Este caso ha sido muy sonado, y el señor obispo se alegró tanto, que dijo deseaba ver al predicador. Vine a Málaga , a cier– to negocio, visité a su ilustrísima , le referí el suceso y con lágrimas me dijo el ningún fruto de sus sudores, cuando los exhortó a solas . Aquí se contaron varios pasajes algo notables de sanidades en los enfermos . En– tre ellos se propagó que, durante la cuaresma, se vió salir del mar un fan– tasma de un etíope, que dijo: Se irá el barbón y entrará el dragón; expre– sión que me han referido los mismos vecinos alguna vez que he pasado "( por allí. Aquí fundé una Congregación de la Divina Pastora , añadiendo al- ' - gunos capítulos a los 'que tiene la de la parroquia de santa Marina de esa ciudad , y se hicieron algunas obras pías, útiles para el común de vivos y muertos. Desde este momento corrió la voz de este vilísimo instrumento de la divina bondad y empezó el continuo viajar por los lugares de la co– marca» (1). Después de leídos estos párrafos , viene a la mente el recuerdo de la dedicatoria ya estudiada, y se ve la trabazón de ésta con los hechos de hoy. Lo que dijo gráficamente es ya una realidad; aquella fué el bando y el toque de combate: la cuaresma de Estepona es la verificación del progra– ma: predicar el evangelio de Jesucristo, los vicios y virtudes, la pena y la (1) Carta al padre Francisco J. González. 13 de sep. de 1779.
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