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CAPÍTULO XVII Cuaresma de Estepona - Relación de fray Diego-Sus frutos ines• perados - Instituye la Hermandad de la Divina Pastora - Adlcio- nes a la primitiva Regla. · Tres años pasó fray Diego en su Tebaida de Ubrique en ascenciones continuas a Dios, practicando aquel género de vida que ya conocemos, ale que hubo de añadir, como se dijo, la predicación de la doctrina cristiana en la plaza del pueblo en las tar_des de los días festivos, oyendo las confe– siones a la mañana siguiente de los muchos pecadores que se convertían. El fruto era pingüe, y la fama de sus virtudes y dotes oratorios ·se acen– tuaba cada vez más dentro y fuera del convento y por toda la comarca ubriqueña.. , Confiado en tales aptitudes, el padre guardián de improviso le manda. predicar en el 1771 la cuaresma de Estepona. Allá va cargado de temores por falta de preparación inmediata, preocupado por su humildad en creer– se inútil para el ministerio, y sobre todo , porque era público que la ciudad ardía en viejos odios, pleitos y relajaciones. Pero ·va con el ímpetu de la g-racia divina, que le asiste, para r.eñir la primera batalla contra la impiedad, donde ya aparece como el enviado de Dios, luchando heroicamente- entre horribles borrascas y adversidades, que nadie pudo amansar .. Si se quiere, será esta lucha un ensayo de las otras que ha de reñ ir contra la revolu– ción; pero tan activa y denodada, con tal pericia y movilidad, que desde su principio, más que un novel fluctuante, .parece el genera l aguerrido, que con hábil estrateg'ia sabe vencer y triunfar de los enemigos, destru'yendo la causa de las hostilidades y dejándolos reconciliados. . Demos la palabra a fray Diego, para que él mismo nos revele la con– moción sentida y los prodigiosos frutos cosechados en esta memorable fecha de su vida: · , <Al tercer año (de estar en UbriqUe) me mandaron de improviso a pre– dicar la cuaresma a Estepona. En esta villa había · unos pleitos y enconos fortísimos y de mucho escándalo entre el cura y el beneficiado, y a su ejemplo todo el pueblo dividido en bandos. Contaban ya quince años o más de discordias, sin haber bastado para reconciliarlos ni la eficacia del

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