BCCCAP00000000000000000000461

DEDICATORIA DE F.R. DIBGO A LA DIVINA PASTORA 169 Madre mía, os entreg·o mi alma, mi vida, mi corazón , mis sentidos, mis po-' tencias y todas mis cosas; y si mil almas, mil corazones y mil vidas tuviera, todas, Pastora mía dulcísima, te las entregara; pues no quiero más alma que servirte, más vida que verte, ni más ser que amarte; y si para esto no ha de ser la que tengo, no la quiero, no la necesito; porque sin tu amor no hay gozo, no hay consuelo, no hay vida que así pueda llamarse. «Admítela, pues, Reina y Señora mía; admítela, Pa1,tora. dulcísima de mi alma; admítela, hechizo adorado de mi corazón; admítela, hermosísimo encanto y embeleso de mis sentidos; admítela, noble descanso de la San– tísima Trinidad, alegría de los cielos, gozo de los ángeles y gloria de los bienaventurados; admítela, Madre mía, consuelo mío, amparo mío y todo mi bien, y no mires mi indignidad y demérito: atiende sí a tus maternales amorosas entrañas, llenas de piedad, suavidad y dulzura para los misera– bles hijos de Eva, que vivimos desterrados en este valle de lágrimais. Sea así, Reina mía y Pastora mía Santísima, sea así; y en testimonio que ad– mites y recibes .esta corta ofrenda, que con todo mi corazónycon el alma toda te hago, dame a mí y a todo tu dichosísimo rebaño tu santísima ben– dición, para que, logrando por su medio ser llenos de la divina gracia, acertemos a serviros y amaros en esta vida, y después ·gozar de ·vuestra dichosa presencia , alabando sin fin a nuestro Dios en la bienaventuranza. , / «DULCÍSIMA PASTORA, MADRE Y SEÑORA MÍA, PONE REVERENTE SUS LABIOS, DONDE PISAN Y HUELLAN VUESTRAS DIVINAS PLANTAS, EL MENOR Y .MÁS .. INÚTIL SIBRVO DE T ODOS VUESTROS ESCLAVOS , -FR. DIBGO JOSÉ DE CÁDIZ, . INDIGNO CAPUCHINO » (1) .Si después de leída esta importante dedicatoria tuviéramos presente la que puso el venerable padre Isidoro de Sevilla a su libro La Mejor Pas– tora Asunta, se vería que aquella, en su primera parte, es hija de ésta , en el fondo y la forma, en los pensamientos y las frases, en todo el proceso del fervor y en la valiente y movida tónica de su estilo. No es una copia ni mucho menos, pero cotejadas, a simple vista, se advierte que fray Diego bebió en eJla y quiso también imitarla. La del maestro, la del padre Isidoro, auque escrita cuando sobrepasaba los setenta años, es un torrente avasalla– dor de salutaciones, requiebros y loores , que la haéen difusa y culterana, co– mo hija de su época; la de su discípulo, fray Diego, es en cambio más con– cisa , sin retruécanos ni l!rtificios, pero tan subida de amor en sus efusiones y sentimientos como los de aquella, y como los que usará después sólo cuando empuñe el Crucifijo pidiéndole el perdón de sus culpas y excitand.o a los pecadores a contrición y penitencia. En la segunda parte el padre Isidoro expone el óbjeto de su aposto– lado , que era dar a conocer el nuevo título de la Divina Pastora para esta– blecerlo y difundir su culto; fray Dieg-o, en la suya , escrita en plena juven– tud, aprovecha la ocasión del sermón fúnebre a un humilde capuchino, pa– ra trazar de un plumazo el negro cuadro de su siglo, la apostasía de la •ciencia, el lastimoso estado en que vivía la sociedad y el espíritu de incre– dulidad que corrompía las costumbres de la familia. Todo ello, como sol– dado que estudia el frente contra el cual ha de librar sus batallas , lo va l. lb., pp. 6-1 1.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz