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bEDICATÓRÍA DE PR. Dil'!GÓ A LA DiYINA PASTORA 165 g·os y devotos, y después de rezar en vuestra dulcísima presencia la santí– sima corona, entreteníalos con tratados o discursos espirituales, con efi– caces inventivas y murtitud de ejemplos, a fin . que, enamorados de vues– tras divinas perfecciones, procurasen acogerse al sagrado de vuestra pro– tección en todas sus calamidades. Ni es fácil reducir a número las repeti– das-novenas, devotos ejercicios y loables devociones en que ocupaba con ellos gran parte de la noche en vuestra amabilísima presencia, de que atraídas mu¿has personas llenaban la casa, y hacían que pareciese un nue– vo cielo con la santa ocupación de vuestras dignas alabanzas. «Vuestro es también, Pastora mía, este sermón, por haberlo yo predi– cado; pues, siendo mi alma, mi corazón, mi vida, mis sentidos, mis poten– cias y todas mis cosas vuestras, los es de consig·u1ente este pequeño tra– bajo, parto infecundo de mi rudo entendimiento. Además, dulcísima Madre mía, que, habiendo yo recibido de vuestra amorosa liberaildad tan repetidos favores, y conociendo que cuanto en mí se halla es don gracioso de vues– tras pródigas benéficas manos, no era justo ni razonable ofrecerlo yo a otras aras que a las vuestras; y faltara sin duda a las leyes del agradeci– miento y de la justicia, si, confesando ser vuestro lo bueno que en él. se halla, os negase esta gloria tan debida por todos títulos a vuestro mérito y gTandeza. «No es decible, Reina mía y todo mi bien, cuánto se alegra mi pobre alma de poner a vuestros sagrados pies este pequeño don en testimonio de mi gratitud y reconocimiento. Ansiaba mi corazón por ofreceros alguna demostración de mi amor agTadecido, y viniéndome a las manos esta pro– porción tan oportuna, no quise en manera alg·una malogTarla; pues , pensando a quirn consagTaría este papel. luego que me hice carg·o de estos y otros motivos, no tuve la menor inclinación a buscar otro Me– cenas; porqu.e el amor, la obligación y la pr etendida seg·uridad me im– pelían a ejecutarlo. «Y a la v'érdad , Pastora mía, dulcísima y santísima, si la nobleza se busca: ¿quién, entre las criaturas, más noble que vuestra digna Majestad? Nace esta en los hombres de la calidad de sus progenitores y ascendien– tes, y estos, ¿en quién mayores que en Vos, que tenéis vuestro origen y principio del pecho del Eterno Padre y de la boca del Altísimo? Si la anti– güedad: ya sabemos que aún no había Dios formado la tierra, ni los ríos , ni se habían fabricado los ejes del universo, y Vos, ya como primogénita entre todas las criaturas y como ordenada desde ab aeterno, y antes de todos los siglos y de todas las cosas criadas en la mente del muy Alto, merecisteis hallaros con El en la formación y composición de todo lo visi– ble e invisible. Si al poder atendemos: ¿quién más poderosa? Pues por Vos reinan los reyes, los príncipes imperan , los poderosos obran justicia y los legisladores determinan lo que es justo. Vos, Madre mía, calcáis y pisáis con vuestra propia virtud las erguidas cervices de los grandes y de los pequeños; Vos rodeáis sola en giro todo el cielo, penetráis los abis– mos, domináis al mar, mandáis en la tierra y en toda la gente, en toda la dominación y en todo pueblo tenéis la primacía y excelencia. A vuestro mandato los ·cielos obedecen, la tierra se rinde y todas las criaturas' se sujetan sin haber quien resista a vuestro poder y volu_ntad. Todas estas cualidades y circunstancias acred itan de acertada mi elección, y demues– tran igualmente el gravísimo atentado que en mí fuera bu_scar otro patr0n

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