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ORACIÓN FÚNEBRE DEL V. P. BENAOCAZ 161 món, hermanando el rudo ataque contra los vicios con el dulce imán de la devoción a la Virgen, para convertir los pecadores a Cristo. Hace un re– cuento de los pecados públicos de Benaocaz, y refiere cómo el venerable aifunto, tres años antes, caminando hacia su pueblo, lo vió envuelto en ho- 1'.rible humareda y aprisionado por un formidable culebrón; y al llegar aquí, exclama fray Diego: «Decidme, fieles, ¿qué humo tan hediondo sería este que arrojaba de su centro Benaocaz? ¿Qué culebrón aquel que lo dominaba y poseía? Pero ¿qué humo, qué hedor había de ser? ¿Qué otra cosa podía manifestar, sino que estaban vuestras almas muertas por la culpa, y que como aque– llos cadáveres del abismo, que despiden de sí un fetor intolerable, en tes– timonio de su corrupción eterna (lsai. , 34, ri), así entonces vuestros espí– ritus, muertos a la gracia por la culpa, exhalaban el mal olor de vuestros vicios ...? ¿Quién sería aquel culebrón que tanto con su aliento inficionaba vuestras almas? Pero ¿quién había de ser, sino aquella serpiente antigua, dragón as.tuto, por otro nombre, diablo, como expresa san Juan en su Apocalipsis (12,9) ?... «Mas, oh dolor, si uno solo vió nuestro venerable difunto en aquella ocasión que tiranizaba su patria, cuando aún no se miraba tan deplorable como en los años presentes, ¿cuántos y cuántos viera ahora en sus últi– mos días, si Dios , como entonces, le hubiera descubierto este secreto? ¡Ah, Benaocaz, Benaocaz, qué bien se puede decir de tí lo que de la anti– gua Babilonia pronunció Isaías: Que viven en tu centro no hombres racio– nales, sino dragones, fieras del abismo (13,21)! No hay culpa ni pecado de que no te mires para con Dios contaminada. Todo es sensualidad, todo ambición, codicia y vanidad; todo rencor, enemistad y odio ... «Pues, católicos, si queréis arrojar de vosotros tantos monstruos in– fernales, manos a la obra, a la mortificación y penitencia; porque este gé– nero de demonios con nada puede ahuyentarse, sino con la oración .y_el ayuno (Marc., 9, 28). En vosotros parece se ha cumplido a la letra aquel avi– so de nuestro Redentor, que después de haber salido del hombre el in– mundo espíritu, vuelve de nuevo a visitarlo, y hallándolo vacío de virtud, y que vive quieto en su pecado, lleva consigo otros siete compañeros mu– chos peores que él, y entra de nuevo en su habitación <'.lntigua, y vienen a ser estos fines perversos más deplorables que sus ma!,os principios (Luc. 11, 26). Mucho decfr parece; pero lo cierto es, como todos vemos y el ve– n,erable padre decía, que hoy se halla esto mucho peor que antes. Y si en– tonces la relajaba un so lo vicio, ahora poderrios decir, que · es univernHas iniquifatis, universidad de toda iniquidad y maldad (Jacob. , 3, 6). Llega ya a lo sumo la malicia, y en vez de adelantar en la virtud, va cad(I día toman– do cuerpo la relajación: nada basta para apartaros de ella. Las más efica– ces diligencias de los predicadores más celosos quedan frustradas, por– que cada cual de vosotros, alegando mil escusas a sus pecados (Psal., 140, 4), deja burlada su eficacia con el quis fe consfituif judicem super nos? (Exod., 2, 14), que dijo a Moisés el antiguo hebreo. Pues andad en buen .hora, seguid en vuestra dureza, que ya vendrá el día de Dios encen- " dido como.un horno, y seréis abrasados, como estopa, de la voracidad de sus llamas (Malach., 4, 1)». (1) 1. o. c., pp. 39-42. 2!

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