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PLAN DE ViDA l'NTERIÓR DE FR. DÍEGO 157 te lo concede en la última enfermedad; y a la noche pensarás te adminis– tran el Santo Oleo, te encomiendan el alma y ayudan a bien morir; y en u.na y otra ocasión, luego que te acuestes, te.re ,z.arás un responso, confor- me al consejo de san Pedro de Alcántara. , . «Para celebrar el tremendo sacrificio de la Misa te dispondrás con to– do el fervor posible, para lo cual gastarás todo el tiempo que puedas en santas meditaciones, para lo que puedes valerte de lo que trae Molina, de sacerdotes. Ningún día dejarás de celebrar, pudiendo, y siempre prece– diendo la confesión sacramental; después te detendrás media hora lo me– nos en dar al Señor las debidas gTacias, procurando sacar jug·o y calor para lodo el día. Todas las semanas harás los ejercicios de la Madre An– tig·ua, esto es, los jueves y viernes en la noche. Tu predicación será siein– pre al alma, aunque sean sermones panegíricos; pero en lo que m·ás. te has de emplear ha de ser en. misión, predica.ndo en las plazas la doctrina cris– tiana, los vicios y virtudes y la devoción de María Santísima nuestra Seño– ra, a la que siempre ex hortarás en tales sermones, dedicando .todas tus obras y trabajos a esta dulcisima Madre y remedo de pecadores» (1). Sobre este plan de vida dedicaba fray Diego ocho horas al estudio de las sagTadas Escrituras: teo'ogía dog·mática, moral, derecho canónico y santos Padres , y además obtuvo licencia para continuar ejerciendo la::- ofi– cinas de los estudiantes y aun las mismas de los hermanos legos. Así le veían con edificación limpiar el coro, la iglesia y la sacristía, barrer el convento, asistir a los enfermos y demandar limosnas por las calles de Ubrique y por los campos vecinos, de donde volvía a veces con algúr. que otro corderito para regal~r a sus frailes. Y cuando algún religioso quería separarlo o ayudarle en estas faenas domésticas, le contestaba candorosa– mente: -Dejadi11e, soy el último de la comunidad, inútil para trabajar en su alivio. Siquier,'a en esto le ayudaré y no comeré tan de balde el pan.- Con estos dalos fácilmente podemos enmarcar la figura del gran ca– puchino andaluz, hacer la semblanza de sus virtudes, y pulsar el temple heroico con que día y noche maceraba su cuerpo y oprimía sus pasiones, y la alta mística que viv ió en sus años juveniles, mereciendo que el mismo Dios, enamorado de la rara y sublime santidad de su siervo , pusiera en él sus ojos, como en san Pablo, eligiéndolo por el vaso de su elección, para que fuese ante la España volterian& y prevaricadora su embajador y minis– tro plenipotenci&r io; y como nada hace, en el orden de la s&ntificación de las almas, sin La infervención de la Virgen, lo escogió para que en sus mi– siones fuera el abanderado y po r taestandarte de la Divina Misionera. ¡Cuántas veces la evoca y qué penitencias se propone para hom'arla y có– mo anhela que. sea ella 1 9 guía y sostén de su predicación! Muy pronto va a lleg·ar el momento en que se manifiesten estos designios de Dios , que fray Dieg·o deja trazados en su plan de vida, a saber: predicar la devoción de la · Santísima Virg·en por las plazas, .dedicándole toda.s sus obras y trabajos .a esta dulcísima Madre, remedio de pecadores. ·· 1. P. Jerónimo de Cabra, R EGLAS o MÁXIMAS que escribió de su mano y propuso para s,u interior gobierno el M, R. y V. P, Fr. Diego José de Cáqiz,

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