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106 LA ORDEN CAPUCHINA Al parecer, los mismos superiores observantes, no eran del todo contrarios a una reforma general, si se quería sal– var a la Orden de la ruina. 24. - Con la Bula 11 /n suprema'' (16 de Nov. 1532), Clemente VII indicaba el procedimiento a seguirse. Se imponía a los superiores de la Observancia señalar en cada provincia cuatro o cinco conventos donde flore– ciese la perfecta vida común y austera observancia, adonde pudieran retirarse los religiosos más ganosos de observar la Regla pura y llanamente, según las declaraciones de Ni– colás III y Clemente V (1). 25. - Los partidarios de la reforma saludaron la Bu– la como el principio de una renovación radical en la Or– den (2). Sin embargo muy pronto vieron que ello era im– posible. Se supo que el Papa, ante la oposición de algunos superiores, aplazaba su ejecución hasta el Capítulo de 1535. Este contratiempo convenció a muchos de que, si bien los Capuchinos habían adoptado medidas extremas al de– cidirse por la escisión completa, no dejaban por ello de haber seguido el camino más seguro. Y fué así como mu– chos se decidieron a pasar a ellos engrosando sus filas. 26. - Mientras tanto Clemente VII relevaba de su cargo al Ministro General Pissotti en Diciembre de 1533. El 7 de Noviembre del siguiente año éste moría en su pue– blo natal, Parma. A pesar de las dificultades con que tropezaban, los Capuchinos se establecieron en Sicilia. (1) Puede creerse muy probable en estos propósitos de reforma interna, la intervención del Cardenal de Sta. Cruz, Francisco Quiñones. (2) De haberse puesto en práctica las disposiciones pontificias c:n aquella oportunidad, la familia capuchina hubiera perdido su razón de ser.
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