BCCCAP00000000000000000000448
mío, abrevia mi destierro, que ya no puedo más. Pongo los cinco sentidos en no turbar la paz de nadie y en no causar a nadie molestias.". Se muestra hombre celoso de su propia reputación cuando pregunta con todo derecho: "Frente a tantas infamias y calumnias con atestaciones tan humillantes, me atrevería a decir a todo el infierno: ¿qué palabra de defensa ha sido pronunciada a favor de la verdad y de la inocencia?... No puedo ya más". En una carta al mismo superior provincial, el I8 de agosto de 1926, expone el sufrimiento que tiene por las repetidas adverten– cias: "¿Por qué traspasarme el alma de ese modo cuando yo no he cometido ninguna falta? Yo no me acerco a nadie y no conozco en la iglesia más que el altar y el confesonario. Una vez cumplidos estos santos ministerios, me parece que tengo fuego en la ropa, tanta es mi prisa por volver a la clausura. Desde que terminan las confesiones por la mañana... no vuelvo a aparecer allá abajo sino hacia las diez de la noche para confesar, si hay confesiones. Hasta la visita al Santísimo después de comer, si noto que hay gente, o me voy al coro o paso por la escalera secreta. Esta es la pura verdad". Al final de la carta el P. Pío pide al provincial "la ayuda de sus oraciones": "Que no sea la última la de pedirle a Jesús que me llame pronto a sí, porque casi no puedo más". Había algunos - sobre todo mujeres- que, movidos de fana– tismo, orquestaban una propaganda imprudente en torno al es– tigmatizado, amparándose en que estaban autorizados por él. Esto molestaba a las personas serias, daba pie para difamarle a los aviesos y no pocos disgustos a los capuchinos. El que más sufría-era el padre. Por eso un día tomó la pluma y escribió a Mons. Andrés Cesarano, arzobispo de Manfredonia desde 1931 : "Desde el pro– fundo silencio de mi celdita oigo de un tiempo a esta parte el eco de voces siniestras, que se levantan en torno a mi pobre persona. Es todo falso ... Soy totalmente ajeno a cuanto se ha dicho y se dice, o se escribe, o se afirma, o se publica acerca de mí. Hasta debo añadir que estoy muy disgustado por la conducta indigna que observan algunos falsos profetas, que hasta se dicen de los míos, porque muchas veces, en medio de mis hermanos en religión y al lado de personas de autoridad, les he hecho saber que todo lo que hacen y dicen es una herida que lacera grandemente mi corazón, que traiciona la verdad, y qu:e desistan de esta falsa e indigna propaganda. Y ellos, mientras tanto, han continuado en 238
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz