BCCCAP00000000000000000000448

11 EL ARBOL SACUDIDO, DE AMPLIO RAMAJE La hora de las tinieblas En una carta del 27 de agosto de 1923, el P. Pío se autodefinió como "actor principal, aunque pasivo, de este drama". Desde 1931 el convento se había convertido para él en "una verdadera prisión", con prohibición de acceso a cualquier perso– na. El P. Pío lo ofrecía por las almas. Convento e iglesia eran castillos con el puente levadizo levantado. Una fuente de amargor la constituía el hecho de no saber el tiempo que le tendrían confinado. Aludiendo a los encarcelados, el P. Pío comentó un día con don José Orlando: -Felices de ellos. Por lo menos después de la sentencia saben cuántos días, cuántos meses, cuántos años tienen que seguir en– cerrados. Pueden contar las horas transcurridas y las que les faltan todavía. ¿ Pero yo? ' Mientras hablaba, le observaba Orlando: "Y te oprimía el corazón como en un lagar". El padre había previsto estos años de pasión. "En mayo de 1919 -escribe Lucía Fiorentino en sus apuntes autobiográfi– cos- el padre, como un profeta, lo predijo todo, que tenía sed de almas y que debía sufrir mucho". Al sacerdote José Orlando que, poco después de la estigmatización, le había preguntado si, des– pués de recibidas las llagas, había experimentado nuevas apari– ciones y persecuciones de los demonios, el P. Pío, dando gracias al Señor, pudo responder que no. -Pero ahora -añadió- co– mienzan las persecuciones terrenas". En un encuentro del 1de julio de 1931, el P. Agustín recordó 233

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz