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zado lindaban ya con el culto a una persona en vida. Libros y publicaciones, vendidos en el mercado, referían profecías, descri– bían hechos extraordinarios, relataban milagros, exaltando al que los hacía con una fraseología incontrolada. En un ambiente semejante, en absoluto inaceptable, encon– traron su ambiente las maniobras de algunos. No faltaron incom– prensiones, acusaciones, sospechas, recursos, delaciones. Surgie– ron grupos en favor y en contra del fraile de las llagas, no siempre guiados por una limpia búsqueda de la verdad. Con frecuencia la disparidad de pareceres encontraba apoyo en otros motivos per– sonales o familiares, que se valían del caso del P. Pío, ciertamente difícil de enjuiciar. · Por eso no hay que asombrarse si en este ambiente, que tiene por fondo el típico temperamento meridional, se encuentran ali– neados en facciones opuestas, los sacerdotes del lugar y la misma autoridad eclesiástica. La historia de la Iglesia sabe bastante de casos similares. Es bien sabido que desde el 26 de marzo al 6 de abril tuvo lugar en San Giovanni Rotondo, una visita apostólica de Mons. Félix Bevilacqua, del vicariato de Roma. Le siguió otra en julio de 1928, de Mons. José Bruno, por encargo de la Congrega– ción del Concilio. Es perfectamente legítimo preguntarse sobre cuáles pudieron ser los motivos de la tensión de algunos acerca de San Giovanni Rotondo. Ciertamente hubo motivos de malestar -además de lo incó– modo del P. Pío para ciertos individuos-: la afluencia de tanta gente al convento, las numerosas ofertas al P. Pío, la presunta formación de una pandilla formada por algunos religiosos y ami– gos suyos con fines lucrativos, hacer ostentación del estigmatiza– do, sustracción y difusión de los pañitos teñidos de sangre, una estampa-recordatorio (impresa por vez primera el 27 de junio de 1919, que reproducía el busto de!P. Pío), habladurías de mujeres que frecuentaban el convento no siempre bien informadas, y sobre todo el infundio que alguno lanzó a la publicidad de que las llagas del P. Pío estaban producidas artificialmente. Acerca del porqué de la tensión en el pueblecito del Gargano, nos parece imposible - o por lo menos muy difícil- dar una respuesta exhaustiva tomada de la documentación histórica. Uno 223

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