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de evitar otros graves inconvenientes y calmar la excitación del pueblo". Insistiendo sobre el proyecto del traslado del P. Pío, el supe– rior general, P. José Antonio de Persiceto, en carta del 3I de julio de I923, asegura a la Santa Sede que ha dado órdenes al P. Luis Avelino, vicario provincial de los capuchinos de Foggia, "de poner en ejecución los medios más eficaces para obtener el fin deseado", aunque le aconsejaba que "obrase con prudencia y decisión; que no le amedrentasen las dificultades; que recurriese a cualquier medio para vencerlas; que procediese con circunspec– ción y energía, de modo que si, por alguna razón, el. deseado traslado no pudiere efectuarse, conste de todo el conjunto de su obrar que no fue por debilidad o indecisión" por parte de la Orden capuchina. Decía que había juzgado conveniente "trasla– dar al P. Pío a la provincia de las Marcas, que tiene conventos lejos de las grandes ciudades, donde dicho padre puede ser vigi– lado, y a donde no es posible el acceso de los curiosos". Asegu– raba que había transmitido al provincial de las Marcas "algunas normas prudenciales al respecto". Más adelante la decisión sobre el proyectado traslado del P. Pío quedó en suspenso. En los años sucesivos se siguen otras disposiciones. Por ejemplo, reelección del P. Bernardo de Alpice– lla como provincial de Foggia y orden de enviar a Roma una relación bimestral "en torno al P. Pío y a cuanto le atañe", y prohibición de hospedar en el convento eclesiástico a seglares; que el convento de San Giovanni Rotondo pasase de la jurisdic– ción del provincial de Foggia, a la directa dependencia del supe– rior general de la Orden, con un superior local elegido de alguna otra provincia. Otra advertencia del Santo Oficio, catorce meses más tarde, fechada el 24 de julio de 1924, remachaba: "Habiendo recogido otros informes de fuentes más numerosas y seguras, la misma suprema Sagrada Congregación considera deber suyo exhortar a los fieles con palabras todavía más graves, a fin de que se absten– gan en absoluto de visitarle y de mantener con él cualquier rela– ción, incluso epistolar, por motivos de devoción". En 1926 se publicó una comunicación del Santo Oficio, el 23 de abril. En ella declaraba "prohibida" la publicación dada a luz por Jorge Berlutti, por tratar "de pretendidos milagros y de otros hechos extraordinarios". Se recordaba una vez más las anteriores 220

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