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-yo diría que su sufrimiento- que manifiesta al mostrarlas con ocasión de las visitas médicas ordenadas", por el mismo superior general. Quiere también tocar el asunto de las cartas al P. Pío: "Con excepción de alguna estrictamente reservada, todas las de– más las abren el superior o el vicario del convento". "A las cartas en las que se piden consejos por motivos de conciencia... se con– testa con la simple exhortación de que acudan a un confesor prudente". "Cuando se piden gracias u oraciones, no se contesta, o se escribe prometiendo una oración". Con esta exposición de los hechos, el provincial demostraba que la seriedad , en el sector correspondiente, quedaba "suficientemente garantizada". Por lo que se refiere al traslado del P. Pío, la situación era más seria y difícil de lo que se pensaba: había que contar con el pueblo, un pueblo meridional, del que son característicos el ardor con que ama y su modo de manifestarlo y defenderlo. El P. Pedro expuso que, desde el comienzo de su provincialato, o sea desde 1919, ya lo había pensado él, pero "las repetidas manifestaciones del pueblo de San Giovanni Rotondo" le habían obligado a reti– rar el proyecto. Tanto más cuanto que intervinieron para disua– dirle las mismas autoridades civiles y el gobernador de Foggia, diciéndole que él sería el responsable de lo que pudiese ocurrir si se intentaba el traslado". El provincial disuadía del proyecto de llevar al P. Pío al norte de Italia. Sobre todo porque allí la fama del P. Pío se encontraba más difundida y acreditada que en el sur. Además porque San Giovanni Rotondo era un lugar más a propósito para garantizar la tranquilidad y aislamiento del fraile de las llagas, pues para llegar hasta él había que lanzarse a un viaje largo y molesto ; había que afrontar "el lugar alpino, con frecuencia inaccesible en invierno", sin buenos medios de transporte, sin hoteles ni fondas . Había que subir a pie al convento, alejado un buen trecho del poblado. Los informes del provincial de Foggia son sinceros, tanto por su tono sumamente tranquilo y objetivo, como por ir dirigidos a sus mismos superiores mayores. Con todo ello, las cosas siguieron su curso. Las llamadas y disposiciones de Roma se sucedieron unas a otras. Recordemos algunas. 218
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