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10 DIEZ AÑOS DE TORMENTA 1923-1933: luz y sombras Lo mismo que en tantas otras partes del mundo, también en San Giovanni Rotondo, arrimado al monte Gargano, en la región de la Pulla, fértil en cereales, sucede que un día cualquiera el cielo se enturbia, la oscuridad envuelve el paisaje, ruge el viento, cen– tellea el cielo, suenan truenos fragorosos , llueve a mares, mientras el pedrisco destroza hojas, flores y frutos, viñedos y campos de mieses. Hay cuartos de hora que parecen el infierno. Luego todo cesa, el cielo se esclarece, hombres y cosas vuelven a la vida, aunque los ojos miran, desolados, el destrozo, la destrucción de tantos sudores, de los que se esperaba una providencial cosecha. Son los momentos atmosféricos del furor, que estrujan el corazón cuando ya la cosecha estaba ahí, a la mano, promete– dora. En el convento de San Giovanni Rotonda , capuchinos , paisa– nos, peregrinos de tantas partes del mundo miraban cómo florecía el bien, cómo daba frutos la gracia, el gozo de imprevisibles cosechas espirituales. Era todo ello fruto de sangre y de sudor. De la sangre que enrojecía manos, pies y costado del P. Pío, el estigmatizado. Del sudor que esmaltaba su actuación en el con- . f esonario y en el altar. Con toda verdad, retórica a un lado, aquel pedazo del Garga– no parecía florecer. Después de larga primavera, iniciada en 1916, con la llegada del P. Pío, hervía un verano cargado de frutos, sobre todo desde 1918, cuando el ministro del Señor aparecía con los estigmas. 215
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