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Gracias, tan querida del P. Pío... Qué precioso es este silencio. Parece una de las pausas de la misa. El P. Pío está en el coro, invisible, y adora, da gracias, ruega... Suena el Angelus, le rezan juntos, y con esta última oración se dan las buenas noches". Todas las tardes, antes de la cena, meditación. Sentado en su escaño, el P. Pío, en la penumbra del viejo coro, reza de memoria una oración al Sagrado Corazón de Jesús: Oh, Jesús mío, que dijisteis... En el mismo coro, después de la cena, el P. Pío sigue en oración hasta altas horas de la noche. El P. Carmelo de San Juan en Galdo, último superior del P. Pío, sintetiza de esta forma su vida en torno al altar: "Comen– zaba su jornada muy pronto, mucho antes del alba, con la prepa– ración para la santa misa. Después bajaba a la iglesia a decir misa, y todos nosotros pudimos constatar cómo revivía íntima– mente la inmolación de la Víctima divina, tomando parte y expe– rimentando en el alma y en el cuerpo llagado la unión con Cristo paciente. Sigue la prolongada acción de gracias, el trabajo de las confesiones. Luego, otra vez la oración ante Jesús sacramentado. Después de una comida escasa y casi por fuerza, de nuevo largo rato con el rosarió en la mano por el pasillo adyacente a su cuarto. A continuación tomaba parte en la bendición eucarística, orando con sus hijos espirituales, para retirarse más tarde a su celda al merecido descanso, entreverado de oraciones, con breves y ligeros intervalos de sueño. Antes de acostarse... procuraba que el rosario estuviese en su puesto, a la cabecera y a mano para hace~ uso del mismo. Y esta iglesita fue, durante cincuenta años, el escenario de su jornada de oración y de apostolado en favor de las almas". En la Crónica del convento de San Giovanni Rotando, el 20 de septiembre de 1965 se escribió: "Se levanta hacia la una, se prepara para la misa, baja a la sacristía a las cuatro menos diez. .. . Cuando llega la hora de celebrar la santa misa, no acierta a resistirlo. El pensamiento de la misa es el lugar de su cobijo: cuando se despierta durante la noche, en seguida pregunta por la hora y si es hora de decir misa. Durante su enfermedad, en los escasos días en que no pudo bajar a celebrar, quería comulgar muy temprano, incluso antes de las cuatro. Ysólo se tranquilizaba después de haber comulgado". Ya el 17 de octubre de I915, desde Pietrelcina, el P. Pío le 211

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