BCCCAP00000000000000000000448

El altar era para el P. Pío el punto de partida y de llegada. El altar llenaba sus días y sus noches. Cuando, al anochecer, los frailes se recogían en sus celdas para el descanso nocturno, el P. Pío se encontraba rezando en el coro. Cuando se retira a su celda, es también para rezar o leer. Es ya muy tarde cuando se acuesta, sobre un jergón de paja. Tiene un pequeño despertador, que pone para que toque a las 3,30: este horario fue controlado repetidas veces por el doctor Festa. Se prepara para la misa, que celebra a las cuatro. La gente conoce muy bien la hora y se congrega en la plazoleta de la iglesia de capuchinos. Minutos antes de las cuatro se abren las puertas a los fieles, que se apresuran a encontrar un sitio, lo más cerca posible del altar. En los primeros años celebraba la misa a las 12, una vez terminadas las confesiones. En los últimos la celebrará a las 5. Nos queda un testimonio de Mons. Pablo Carta, arzobispo de Sassari, recogido de persona bien informada: "El P. Pío estaba en su yacija muy pocas horas . Asaltado por una fiebre altísima, se levantaba hacia las dos o las tres de la mañana. Sentado, esperaba la hora de dirigirs~ a la iglesia para la misa, que celebra– ba a las cinco y duraba una hora. ¡La misa del P. Pío! Era impresionante, porque manifestaba en forma visible su profunda participación en la pasión de Cristo, renovada en el sacrificio eucarístico. Luego continuaba su fatigosísima jornada, sin un momento de reposo". Terminada la misa y depuestos los ornamentos litúrgicos , "el P. Pío, desentendiéndose como puede, pero siempre en forma suave y sonriente, del gentío que se arremolina en su derredor, sube lentamente la escalera que lleva al convento y se retira al coro para dar gracias. Aquí permanece largo rato. Luego vuelve a la iglesia para su ministerio del confesonario, en el que suele emplear el resto de la mañana". A mediodía, desde el coro de la vieja iglesia, reza el Angelus con los fieles que se encuentran en la iglesia. Al atardecer, en la iglesia repleta de fieles, reza el rosario. Arrodillado al pie del altar, el P. Pío lee las oraciones de San Alfonso María de Ligorio , Visitas a Jesús Sacramentado y a María Santísima. A continua– ción, imparte lentamente la bendición con la Custodia. "Después de la bendición nadie se mueve: es el momento del recogimiento , del examen de conciencia bajo la mirada de la Virgen de las 210

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz