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Hay también otras palabras del P. Pío que nos ayudan a comprender mejor lo que acaecía en el altar donde celebraba. Así en el diálogo entre el P. Tarsicio de Cervicara y el P. Pío. -Padre, ¿cómo puede mantenerse en pie en el altar? -Como se mantenía Cristo en la cruz. -Entonces, ¿está usted durante todo el tiempo de la misa suspendido, clavado en la cruz? -Sí. ¿Cómo querías que estuviera? - ¿Muere usted también en la santa misa? -Místicamente, en la sagrada comunión. -Padre, ¿de amor o de dolor? -Más por amor. Hablando de su misa, escribe el P. Pío: "Getsemaní, Calvario, Altar. Tres lugares de los cuales el último, el altar, es la síntesis de los otros dos. Tres lugares, pero es uno solo Aquél a quien encontraréis en ellos". Era para ver este amor y este dolor por lo que acudía la gente desde todas las partes del mundo. El altar sobre el que el estigma– tizado celebra el sacrificio de Cristo y el suyo propio, se convierte en un imán poderoso. En torno al altar, y en torno al P. Pío que celebra "su" misa, se detuvo el mundo. durante cincuenta años, para adentrarse un poco en el misterio de Jesús y en el misterio de su sacerdote Pío de Pietrelcina. Alguien escribió: "Si el P. Pío no hubiera sido sacerdote y, más exactamente, si no hubiese celebrado misa, su presencia en el mundo hubiera sido mucho menor. .. Pero la celebración de la Eucaristía desconcertó literal– mente la trayectoria de la existencia suya y la de otros y ha polarizado la atención del mundo". Domingo Mondrone, colaborador de La civilta cattolica es explícito cuando da cuenta del por qué de la concurrencia en San Giovanni Rotondo para ver la misa del fraile de las llagas: "Jesús estaba con él y en él , vivo y doliente, presente y operante, para darle fuerzas y eficacia en el bien que realizaba. El P. Pío, heroico en el sufrimiento, incansable en el trabajo, poseyó una unión con Dios muy íntima. Le considero como uno de los mayores místicos de nuestros días. Modelo excepcional de devoción al misterio eucarístico y a la pasión, consiguió que su misa fuese el centro de atracción de las almas que venían a San Giovanni Rotondo". Acerca de la eficaz, aunque silenciosa, elocuencia de la misa del P. Pío, se pronunció un día el que llegaría a ser Pablo VI. 208
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